Usted está aquí: martes 28 de noviembre de 2006 Cultura Cuando llegue la hora, ''les pido que entierren primero al busto''

Develan efigie de Monsiváis, ganador del premio FIL

Cuando llegue la hora, ''les pido que entierren primero al busto''

JUAN CARLOS G. PARTIDA CORRESPONSAL

Guadalajara, Jal., 27 de noviembre. Con ''una sensación melancólica" porque lo que recibió no es el premio Juan Rulfo, sino el de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, Carlos Monsiváis evitaba mirar la placa sobre el busto recién develado con su imagen, que aclaraba que ese bronce esculpido no podía ostentar el nombre del escritor jalisciense, que el resto de las 15 estatuas en la galería ya tenían de nacimiento. ''Premio de Literatura FIL", apuntaba la plaqueta sobre la cara bruñida de Monsiváis que el otro Monsiváis no volteaba a ver.

''Me habría gustado que fuera de otro modo, pero si así se dio. Lo que tomo en consideración es la solidez de la institución que es la FIL, el prestigio y la capacidad reconocida de los jurados, la trayectoria hasta el año pasado ­que convalido y considero ejemplar­ de los galardonados, entonces con una sensación melancólica, sin embargo creo que no hay ningún problema", dijo momentos después de develado el busto, junto al que posó orgulloso para decenas de fotografías.

Monsiváis más bien se la quiso tomar ligera y durante la ceremonia, en la que fue acompañado por el rector de la UdeG, Trinidad Padilla López; por el presidente de la FIL, Raúl Padilla López; y por su amigo Rafael Barajas, El Fisgón, dijo que para él era un día muy especial, ''porque por vez primera adquiero un compromiso con un busto, ahora cada vez que piense en mi conciencia me la voy a representar como un busto, que cada vez que escriba un artículo pensaré: ¿le gustará a mi busto, tendré posibilidades de que lo lea?"

En su breve discurso de agradecimiento, la mordacidad campeó del lado del homenajeado: ''Lo han convertido en el espejo, el retrato, la esencia de lo que me hubiera gustado ser. Me doy cuenta que todo lo que me ha separado en la vida de mi felicidad ha sido la ausencia del bronce, y ahora que ustedes me regalan tan ampliamente la posibilidad de considerarme un busto parlante ya no puedo más, la emoción me desborda. Por eso cuando me toque el momento que a todos nos toca, cuando mis aspiraciones dejen de latir como alguien dice, les pido que entierren primero al busto".

En su turno El Fisgón, quien declaró que venía más bien a boicotear el acto, advirtió de los peligros de colocar un busto de bronce de Monsiváis en Guadalajara, en primera porque al paso del tiempo corre el riesgo de que se le confunda con un santo cristero y sea retirado de la galería del Paraninfo de la UdeG para ser colocado en nichos en donde comparta con San Carlos Abascal, el laico; San Ramírez Acuña, protector de los derechos humanos.

''Es darle al fundamentalismo tapatío un lugar donde desahogar sus ímpetus iconoclastas. Los librepensadores mexicanos no podemos darnos ese lujo; no es difícil imaginarnos al cardenal Sandoval Iñiguez encabezando una turba enardecida que arremete contra el bronce al grito de ¡Viva la inmaculada concepción, muera el satánico condón!''

 
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