Usted está aquí: miércoles 8 de noviembre de 2006 Economía México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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Poco cambió en Nicaragua desde que gobernó Ortega

La pobreza, el enemigo que hizo emigrar a 10% de su población

Ampliar la imagen Daniel Ortega, en conferencia de prensa el pasado 6 de noviembre, luego de haberse reunido en Managua con el ex presidente estadunidense Jimmy Carter Foto: Reuters

Daniel Ortega, ahora en su faceta de predicador de la palabra de Dios, se perfila como el nuevo mandatario nicaragüense. Hace 16 años debió abandonar el palacio presidencial en Managua, tras un no muy exitoso periodo gubernamental, y retorna al mando en un ambiente socioeconómico no muy distinto al que le tocó vivir como gobernante.

La pobreza se mantiene como el principal enemigo a vencer, en un país en el que más de 10 por ciento de la población ha emigrado ante el lacerante panorama, mientras en casa, alrededor del 70 por ciento de la gente sobrevive en condiciones de pobreza y pobreza extrema (como ahora le llaman a la miseria), situación sólo superada por Haití.

Como buen país latinoamericano, Nicaragua ha sido laboratorio de los organismos financieros internacionales y en él se han aplicado cualquier cantidad de programas de "ajuste", "reformas estructurales" y demás gracias, de un modelo económico que sólo ha agravado la de por sí penosa situación social.

El balance económico nicaragüense de la última década reporta una tasa anual promedio de crecimiento de 3.8 por ciento, y un avance en el producto interno bruto por habitante de sólo 1.7 por ciento, lo que confirma que, como sostiene el BID, las condiciones socioeconómicas que generaron la guerra civil de 1979 "no han cambiado", y sólo los niveles de subsidio y apoyo externo "han evitado el resurgimiento de una nueva crisis".

"Dios va a iluminar a los nicaragüenses", promete Ortega, pero el país centroamericano va a necesitar mucho más que los focos celestiales, los cánticos cristianos y los gritos de aleluya para salir adelante. De entrada, el ex comandante de lo que quedó del Frente Sandinista de Liberación Nacional tendrá que corregir los excesos terrenales por él cometidos durante su anterior estancia en la casa presidencial.

En vía de mientras, la Cepal nos regala un recorrido por la economía nicaragüense, la cual reportó un crecimiento de 4 por ciento en 2005, y estima que registrará una tasa menor en 2006, lo que supone un desempeño relativamente favorable tanto de la demanda interna como del sector exportador, asociado tanto al programa de reducción de pobreza firmado con el Fondo Monetario Internacional, como a la eventual entrada en vigor del tratado de libre comercio de Centro América y República Dominicana con Estados Unidos.

Sin embargo, sigue la preocupación acerca de los efectos que pudiera tener la incertidumbre asociada a las elecciones, sobre la inversión y el consumo, así como los efectos del precio del petróleo sobre las importaciones, la inflación y las finanzas públicas.

En Nicaragua la tasa de desempleo abierto bajó por tercer año consecutivo, puesto que se redujo de 6.5 a 5.6 por ciento a nivel nacional, mientras la desocupación abierta en las zonas rurales se ubicó en 7 por ciento. El salario promedio real aumentó marcadamente en el gobierno central y no mostró cambios para los asalariados formales del sector privado. Los salarios mínimos oficiales se ajustaron en mayo pasado, cuando se aprobó un reajuste nominal de 16.5 por ciento para los sectores de la construcción y la actividad financiera, y de 15 por ciento para las demás actividades económicas.

Aunque la expansión de la economía y el comercio mundiales favorecieron las exportaciones del país, las alzas de los precios internacionales del petróleo y de algunos bienes básicos industriales se tradujeron en un deterioro de los términos del intercambio, un aumento de la inflación, apreciación real del tipo de cambio con respecto al dólar estadunidense y la acentuación del déficit comercial.

La economía se vio afectada por el clima de incertidumbre provocado por la falta de apoyo parlamentario a los proyectos del Poder Ejecutivo y las crecientes tensiones políticas en una coyuntura dominada por las elecciones. Al mismo tiempo, en 2005 la aprobación de un presupuesto público más elevado que el acordado y los escasos avances en las reformas estructurales condujeron a la suspensión del programa trienal suscrito con el Fondo Monetario Internacional en diciembre de 2002, lo que motivó la reducción de los desembolsos de recursos de apoyo al presupuesto y la balanza de pagos.

A pesar de la suspensión del programa con el Fondo Monetario Internacional, el alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados no se vio afectado. A finales de diciembre de 2005, Nicaragua había logrado adoptar programas de alivio para la deuda externa, que ascendían a 3 mil 761 millones de dólares, de un total previsto de 6 mil 328 millones, en términos nominales.

Por lo que toca a la migración, la información disponible revela que Nicaragua tiene a más de 10 por ciento de su población viviendo en otros países, y es uno de los principales receptores de remesas de América Latina con relación a su producto interno bruto. Los flujos migratorios nicaragüenses son elevados en su magnitud y se dirigen especialmente a dos países: Estados Unidos y Costa Rica. La emigración a Estados Unidos es más antigua, formada originalmente por exiliados políticos y por familias de altos ingresos. Tiene niveles de educación superiores al grupo migratorio anterior y proviene de sectores urbanos de Managua.

Las rebanadas del pastel

Raudo, el inquilino de Los Pinos prometió "aclarar esos actos criminales" (el asunto de los petardos del miedo, no los otros), lo que quiere decir que tampoco en esto dará resultados.

 
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