Usted está aquí: lunes 2 de octubre de 2006 Deportes El Cigala y El Zotoluco, mano a mano en Mixcoac

El Cigala y El Zotoluco, mano a mano en Mixcoac

LUMBRERA CHICO

En un abrir y cerrar de ojos, al margen de las turbulencias políticas de los pasados tres meses, la temporada chica de este oscuro 2006 está llegando prácticamente a su fin. El domingo próximo los nuevos empresarios de la Monumental Plaza México darán la novillada final de la serie, y siete días más tarde el público podrá volver a las tribunas circulares para disfrutar de un espectáculo más bien distinto.

Los carteles anuncian un extraño mano a mano entre ese genial cantante andaluz que es con mucho El Cigala y ese torero valiente y poderoso pero sin arte ni carisma que es Eulalio Lopez El Zotoluco. Se tratará, por supuesto, de una competencia desigual en la que el virtuoso y privilegiado intérprete de la música flamenca tendrá a su cargo las responsabilidades mayores, en tanto al diestro de Azcapotzalco le corresponderá el honor de lidiar a muerte un torete arrullado por la embrujada garganta que habrá de acompañarlo en el trance desde las alturas del tendido.

Nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá después. Lo previsible -porque, como se dijo y se publicó en este espacio dos semanas atrás, Rafael Herrerías ya pagó la renta de la México para explotarla hasta el verano de 2007 por lo menos- será el canje de las tarjetas que garantizan el derecho de apartado y que por ley debe efectuarse una vez que los nuevos empresarios entreguen a la delegacion Benito Juárez los contratos de las ganaderías y de los matadores que van a actuar en los 12 primeros carteles de la temporada grande 2006-2007, como se le nombra oficialmente, esperando que no sea en realidad una nueva temporada menos chica, como ocurría cuando todo lo organizaba el cacique de Mixcoac.

No hay cobijas suficientes para abrigar ninguna esperanza de que, ante los nuevos empresarios de la México, las nuevas autoridades de la Benito Juárez serán inflexibles a la hora de plantear y exigir que se cumplan al pie de la letra las precisas disposiciones de la ley en materia de espectáculos taurinos en la capital del país. Y no cabe hacerse ilusiones al respecto porque, la verdad sea dicha, ni los hombres que darán la cara como responsables de firmar dehesas y toreros, ni la burocracia que vigilará el trámite son distintos al personal que ha venido desempe;ando esas funciones en los últimos seis años.

Será, en consecuencia, la última vez que a Fadlala Akabani, el delegado panista saliente, le toque el turno de hacerse de la vista gorda frente a los requisitos legales que no van a cumplir los nuevos empresarios, quienes por su respectiva parte perdieron pronto el aliento renovador que los hizo entrar al relevo de Herrerías, al que, para decirlo pronto, sólo están remplazando mientras el sempiterno señor de horca y cuchillo descansa y decide volver a tomar los asuntos taurinos con sus propias manos.

Espejo fiel de lo que ocurre en otros ámbitos del país donde la gente aguardaba cambios que de nueva cuenta fueron pospuestos hasta nuevo aviso, la fiesta brava mexicana seguirá siendo, como antes, como siempre, menos fiesta, menos brava, hasta que lo permita -o más bien por el contrario se extinga- lo que buenamente queda de la afición.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.