Usted está aquí: miércoles 9 de agosto de 2006 Opinión Israel e islamismo

Arnoldo Kraus

Israel e islamismo

Dentro de la inmensa zozobra que me produce la nueva guerra entre Israel, los islamistas, Siria e Irán, procuro mirar con cordura y sin fanatismos el nuevo brete de Medio Oriente. Intento hacerlo "desde afuera", pero, aclaro, sin desprenderme de mi judeidad. Aunque parezca retórica barata, reitero que las muertes de inocentes, libaneses e israelíes, laceran por igual.

Abordo el conflicto entre israelíes y todo lo que representa Hezbollah por medio de las figuras de Bush y del presidente iraní Ahmadinejad. Para los librepensadores ambos son enemigos del mundo. Cada uno a su forma. Mientras Bush comete error tras error al querer difundir su visión para democratizar el mundo árabe -la torpe actuación en Irak y Afganistán siempre será un pesado fardo en la conciencia de Estados Unidos-, Ahmadinejad no deja de repetir que el mal del mundo es Israel y los judíos. Problema fundamental en este conflicto es la dependencia de Israel hacia Estados Unidos y la de Hezbollah y otros movimientos terroristas hacia Irán y otras naciones como Siria.

La de Israel es una vinculación que atañe, sobre todo, a la esfera militar. En otros renglones -ciencia, literatura, medicina, música- la supeditación es, por suerte, menor. Aunque la dependencia militar de Israel no es total, es una dependencia maligna. Sin embargo, de no contarse con ella quizás Ahmadinejad et al hubiesen podido cumplir sus deseos: desaparecer al enemigo israelí y judío de la faz de la Tierra. Y escribo maligna porque las dependencias suelen ser dañinas, sobre todo cuando los vínculos tienen que ver con personas tan despreciables como Bush.

La supeditación de la mayoría de los movimientos islamistas como Hezbollah es total: todo lo que hacen depende del dinero de otras naciones, ya que carecen de fuentes o elementos que generen ingresos. Hezbollah no recibe dinero iraní para fomentar el conocimiento. Lo que recibe son misiles. La ciencia y las artes no son leitmotiv en el trayecto de vida de las organizaciones islamistas, aunque, para honrar a la justicia, entiendo que tanto Hezbollah como Hamas han mejorado las condiciones de vida de los habitantes que viven bajo su sino.

El corolario de ambas dependencias es tan triste como real: ni Bush ni Ahmadinejad son buen cobijo. Cada quien, según sus incapacidades, ha contribuido a desestabilizar el mundo: el primero por medio de las guerras y el segundo por vociferar en alto su menosprecio no sólo hacia lo judío, sino hacia Occidente.

El conflicto que se libra ahora en la frontera entre Israel y Líbano, en la destrucción de buena parte de Beirut -con la cual no estoy de acuerdo- y en las ciudades fantasmas del norte de Israel, donde el miedo ha remplazado el trabajo, no se explica, obviamente, tan sólo por los nauseabundos intereses del dueto mencionado. La cruda realidad de los muertos inocentes va mucho más allá. Esa realidad, imposible de desmenuzar en estas líneas, tiene que ver, entre una miríada de motivos, con la idea de Israel como Estado independiente y las circunstancias por las cuales Hezbollah pervive como un quasi Estado dentro de otro Estado.

La mayoría de los israelíes, excluyendo a los fanáticos religiosos y a la ultraderecha, sea militar o ideológica, desean, no tengo la menor duda, la paz tanto con los palestinos como con Líbano. Quisiera pensar que el grueso de los israelíes no ven con buenos ojos el bombardeo de Beirut y estoy seguro de que la mayoría se apena de la muerte de inocentes. Todos están cansados de tener que suspender sus vidas para dedicarse a las guerras.

La filosofía de Hezbollah está regida por ideas propias y por los dictados iraníes: matar a tantos judíos como sea posible, dentro o fuera de Israel -recuérdense los bombazos en Argentina o en Londres contra la comunidad judía hace pocos años-, es la meta y la visa al paraíso. A diferencia de una buena porción de los israelíes, para los islamistas el asesinato de cada judío es motivo de júbilo. Mientras los islamistas utilizan a sus símiles como escudos humanos, los hebreos no. Quizás esa práctica se relacione con la idea de Israel como nación independiente a diferencia del estatus territorial de Hezbollah.

El terror y la desazón dominan Medio Oriente. Si se pudiese hablar de "una ética de la guerra", Israel la ha violado al destruir aeropuertos, carreteras o suministros eléctricos, bienes necesarios para la población, aunque sean también los canales por medio de los cuales se nutre Hezbollah. Irán y sus brazos, por su parte, violan la ética a ultranza y cotidianamente. Su razón de vida es la desaparición de Israel y la muerte de lo judío.

Conforme avanza la guerra se sabe que la infraestructura de Hezbollah es imponente. No se hizo de un día para otro. No se construyó sin la anuencia de muchos. Quienes tenían que saberlo lo sabían: la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos, los países árabes. Me duelen los libaneses y los israelíes. Lamento que Hezbollah y su ideología se haya interpuesto entre Líbano e Israel.

 
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