Usted está aquí: lunes 17 de julio de 2006 Opinión Desde el otro lado

Desde el otro lado

Arturo Balderas Rodríguez

Erase una vez una elección

En la campaña del candidato a la presidencia de EU, en el año 2000, no hubo engaño alguno cuando anunció que de ganar la presidencia promovería una plataforma de inspiración conservadora. Cuatro años después durante el proceso de relección reiteró esos propósitos y volvió a ganar.

Ese refrendo es motivo para que se asegure que es reflejo de un país cada vez más conservador y que, por añadidura, está conforme con la manera en que el crecimiento económico se ha repartido. Quien así lo crea tal vez esté cometiendo un craso error, particularmente ahora que se acercan las elecciones en las que se renovará el Congreso. Lo cierto es que hay una insatisfacción social generalizada, según manifestó el economista Paul Krugman recientemente, en la que grandes sectores de la población advierten que su situación económica se deteriora día a día, y sólo un grupo reducido recibe el beneficio del crecimiento.

Es por ello que el desenlace de las dos últimas elecciones no son una fotografía de la forma en que está dividida la sociedad estadunidense. Ejemplo de ello es que el voto popular, esto es, los votos que en total recibe cada uno de los candidatos, ha sido muy parejo en la elección de 2000 y la de 2004. Es más, en 2000 favoreció al candidato que perdió la elección. Sin embargo, en la democracia estadunidense es en el Colegio Electoral donde se decreta al ganador mediante un sistema ponderado de votos en el que los estados tienen un peso diferente a la hora del conteo final.

Es ésta la razón del porqué fue en el estado de Florida donde se decidió la presidencia en el año 2000. Las turbulentas jornadas que siguieron a la elección de ese año marcaron de alguna manera la suerte de los primeros 20 meses del mandato presidencial. La Suprema Corte de la Nación detuvo el recuento de votos que hacían los funcionarios electorales del Estado para terminar con la controversia sobre el ganador de la elección. Esa decisión del máximo tribunal le dio automáticamente el triunfo en Florida, en el Colegio Electoral y la Presidencia de la República.

A final de cuentas la trascendencia de esa decisión significó una sombra de duda sobre la legalidad del triunfo de quien fue declarado ganador. No se supo a ciencia cierta, ni por lo visto se sabrá, cuál hubiera sido el desenlace si el conteo hubiera llegado a su término. Lo que sí quedó de manifiesto es que esa determinación restó capacidad al presidente para ejercer un liderazgo claro. Tuvieron que pasar 20 largos meses para que un hecho como el ataque terrorista a las Torres Gemelas le permitiera ponerse al frente de una nación herida en busca del liderazgo, en disputa hasta ese momento. Con todo, ello no atenúa la inconformidad de una mitad del pueblo estadunidense, ante un estado de cosas que le son ajenas. Esa es la historia, y si la soberbia no se antepone quienes lleguen al relevo legislativo en noviembre próximo tomarán nota de ello.

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