Usted está aquí: domingo 4 de junio de 2006 Política A la mitad del foro

A la mitad del foro

León García Soler

La mano y los hilos del mercado

Ampliar la imagen El modelo económico de Carlos Salinas no era auténtico, por "no permitir que el mercado fuera el que asignara premios y castigos" Foto: Marco Peláez

En Europa cunde "la desesperación cultural" entre los socialdemócratas, advertía Ralph Dahrendorf: "nubes de langostas capitalistas amenazan caer sobre la gente indefensa y trabajadora." En la América nuestra, los predicadores del capitalismo, sostenedores de que "sólo se crece con economía de mercado", veían "una ola izquierdista que recorre Latinoamérica". Apenas se unía Tabaré Vázquez a Kirchner, a Lula, a Chávez y todavía no asumía el poder en Bolivia Evo Morales. Pero veían la ola y en México incluían la resaca del populismo, del estatismo, del presidencialismo autoritario.

En vísperas del sexto día del sexto mes del sexto año, los demonólogos anuncian el retorno del "innombrable". La mano invisible del mercado mueve los hilos de la sucesión presidencial; Manuel Espino advierte tendencias fascistas en el IFE, y Rogelio Ramírez de la O salta a la palestra para aclarar que el proyecto de Andrés Manuel López Obrador será un modelo económico de mercado, lo que es igual, pero no lo mismo, que el modelo de Carlos Salinas. Además, que lo de Salinas no era auténtico por "no permitir que el mercado fuera el que asignara premios y castigos." Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés... El mercado rige el mundo de la globalidad y nadie discute su capacidad para generar riqueza. Aunque nadie ignora su absoluta incapacidad para distribuir esa riqueza con un mínimo de sentido común, ya no digamos de equidad.

Las nubes de langostas devoran el estado social en Europa. Entre nosotros, los pregoneros del miedo desmantelan instituciones y destruyen el Estado laico. De la ola izquierdista latinoamericana decía Julio Sanguinetti: "Ninguno de estos gobiernos habla de socialismo ni mucho menos de marxismo. No se proyecta una economía colectivista, se sigue reclamando inversión extranjera y, en términos generales, las normas de la democracia liberal se continúan cumpliendo". Pero la mano invisible hace juegos malabares para que nadie se dé cuenta que el mercado también asigna premios y castigos. Ponen el "coco" y se asustan de él. Pero es comedia de errores, farsa, diálogo carpero, conducatores forjados en el Yunque hablando de actitudes fascistas.

Y Cananea como trasfondo histórico para que Eduardo Bours ofrezca sus buenos oficios para que la Procuraduría General de la República obsequie la solicitud de obsecuentes funcionarios del gobierno y gire orden de aprehensión contra el líder del sindicato minero. Pa' servir al patrón. Aunque hubiera bases para procesar a Napoleón Gómez Urrutia. Esos son otros fraudes. La embestida es contra el sindicalismo, contra la autonomía que atropellan con desparpajo: o con el puño de acero del fascismo que desdeñosamente invocó el dirigente del PAN. De Sonora a Zacatecas y de Michoacán a Coahuila, la derecha juega con lumbre: viene el diablo y sopla.

La mano invisible escribe y Andrés Manuel López Obrador aclara lo de Rogelio Ramírez de la O: "Nada que ver con el proyecto neoliberal". Pero no se puede tapar el sol del mercado con un dedo. El mercado señala ganadores y perdedores con tanta previsión como lo hacía la "política industrial", según lamento y pretexto de los de la nueva ortodoxia. El puntilloso debate entre los divulgadores del proyecto de López Obrador y la propuesta de Roberto Madrazo de no cobrar impuesto sobre la renta a quienes ganan de 6 mil a 10 mil pesos mensuales, son variaciones sobre el mismo tema, el de una población agobiada por los muy bajos ingresos y un mercado laboral en el que manos sucias mueven a la del mercado para eludir prestaciones y seguridad social. Eso y la incontenible revolución tecnológica y global que reduce, dispersa o elimina los grandes centros de trabajo, dispersa la concentración de trabajadores y diluye la eficacia de los sindicatos.

Los pobres se multiplican. Y avergüenza que nuestros gobernantes se alegren ante la posibilidad de que llegaran a convertirse en ciudadanos de Estados Unidos de América algunos de los millones de mexicanos que emigran en busca de empleo y de dignidad. Los que todo arriesgan y cruzan la frontera a la que nuestro socio y amigo de Washington envía tropas y donde levanta muros, porque la seguridad nacional es prioridad para el vecino. De seguridad van a hablar los candidatos a la Presidencia en el debate del martes seis del mes seis del año seis. Y de los pobres. Y del patético resultado de las políticas y programas de disciplina inamovible, cero déficit, cero empleos y cero crecimiento económico.

Dentro de 28 días millones de mexicanos vamos a elegir presidente de la República, senadores y diputados federales. Hay margen, hay muchas maneras de gobernar, fijar objetivos, formular políticas económica y social en la economía de mercado que rige la globalidad financiera. Las propuestas de Felipe Calderón, las de Roberto Madrazo, las de Andrés Manuel López Obrador son diferentes y divergentes, aunque las tres sigan los dictados del mercado. Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, destacó el costo de cinco lustros de crisis económica: "el crecimiento per cápita de hecho fue ligeramente negativo en México toda una década (los ochenta), fue como menos 0.23 por ciento por año". Versión económica de la estabilidad política elogiada por el priato tardío: Era el coma que precede a la agonía.

Queda muy poco tiempo. Cada candidato tiene ya su propuesta. López Obrador la tradujo en mensaje a la nación que duró minuto y medio. El martes van a tener que hacer un esfuerzo para exponer, proponer, debatir y rebatir en participaciones que durarán dos minutos. Ciento veinte segundos para pasmar a los conciudadanos, dejar impronta de dirigente, de conductor, de vocación política y de servicio; ideas propias y capacidad para adoptar las de otros y adaptarlas al programa propio: hombre de poder capaz de ser al mismo tiempo jefe de gobierno y jefe de Estado. Es la hora del poder mediático espectacular. Tres aspirantes a la Presidencia y dos a sumar votos suficientes para obtener el registro definitivo, acudirán al ágora electrónica.

Los spinners, los expertos en echarse el trompo a la uña, harán la visita de las siete casas de la televisión y de todas la capillitas de la radiodifusión para demostrar que el suyo ganó el debate, que supo exponer con claridad y exhibir con firmeza las debilidades en las argumentaciones del otro. Debería decir de los otros, pero en el ritual del posdebate, siempre se da la confrontación directa, el mano a mano que la ficción democratizadora, o el miedo a un debate de veras, impiden se produzca ante las cámaras. El rígido formato nos presenta una serie de monólogos. Nadie puede ganar un debate de imagen, imaginario casi. Pero la historia, la locura del método, comprueban que se puede perder. Lo pierde el que cometa un yerro fenomenal, padezca un lapsus fatal, una falla catastrófica.

A final de cuentas, las encuestas otorgan ventajas equivalentes a los márgenes de error que señalan sus propios métodos. Tres candidatos y cualquiera de los tres puede alzarse con la victoria. Sistema plural de partidos y las instituciones indispensables para unas elecciones legales y resultados confiables. Pero siembran la desconfianza y desacreditan a las instituciones. A pesar de los millones de la pobreza extrema, del aterrador informe de la UNESCO sobre el estado de nuestra educación media y superior, de la vergüenza de que las tres cuartas partes de nuestros jóvenes queden al margen y no la reciban, tanto Felipe Calderón, como Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador podrían capitalizar las ventajas coyunturales de la estabilidad económica y del costo al alza del petróleo, para fijar objetivos y mejorar el funcionamiento de la economía y de nuestra sociedad.

Lástima que nos conformamos con las reformas electorales y dejamos la reforma del Estado para las calendas griegas. La alternancia de 2000 trasladó el eje de la toma de decisiones del Poder Ejecutivo al Poder Legislativo. En el Congreso se fija la agenda política y ahí tendremos que dotar al país con medios de gestión de categoría internacional; revertir la torpe visión de la educación como gasto y reconocerla como inversión; prioridad nacional para que deje de contribuir a la desigualdad y sea el instrumento liberador de vitalidad que nos lleva a comportarnos como una nación moderna.

Esa es la inserción a la modernidad y no la que tanto dragonearon los dueños del dinero compañeros de viaje del salinismo y patrocinadores del vuelco a la derecha; los mismos que patrocinaron la entrega del poder a la reacción, a la derecha de la victoria cultural; consecuencia de la oligarquía, de la democracia electoral, del gobierno tutor. Uno capaz de incorporar a los huérfanos del cesarismo sexenal. Sobre eso deberían debatir el próximo martes. Eso y cómo proponen rescatar para el Estado el monopolio del uso de la violencia legal.

Los profesores y trabajadores de la educación celebran su rito anual de protestas callejeras y demandas salariales; aparte del conflicto interno, del choque entre el SNTE y la Coordinadora, el angustioso y combativo reclamo de equidad. Y la violencia caótica, anarquizante, que se retroalimenta y perpetúa. Tomaron las calles de Oaxaca. Tomaron el aeropuerto. Y el gobierno federal, que envió policías a reprimir mineros en Coahuila, Michoacán, Zacatecas y Sonora, no intervino "por razones logísticas".

Juegan con lumbre ante una sociedad agraviada, polarizada por la contienda electoral.

 
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