Usted está aquí: lunes 22 de mayo de 2006 Deportes Feliz confirmación de Arturo Macías, que cortó las orejas del bravo Don Palillo

Gran tarde en la Plaza México por la presencia y juego de los toros de Barralva

Feliz confirmación de Arturo Macías, que cortó las orejas del bravo Don Palillo

Leonardo Benítez obtuvo otro apéndice

Buen debut del diestro Guillermo Martínez

LEONARDO PAEZ

Ampliar la imagen Arturo Macías, en el momento cúspide de su faena con Don Palillo, durante la corrida de ayer en la Plaza México Foto: Jesús Villaseca

Al salir de la plaza un aficionado me dijo: "Si a los taurinos de México les queda criterio, en un año pueden hacer de Arturo Macías una gran figura de los ruedos. Le sobra valor, presencia y cabeza, ¿qué más necesitan?". Sólo una cosa: voluntad para hacerlo, le contesté.

Mientras algunos mamacallos del ancien régime taurino ya suspiran por el novillote despuntado para lucimiento de toreros que nomás figuran, el público que asistió ayer a la segunda corrida de la feria torista en la monumental Plaza México, antes muerta, parafraseando al maestro Lumbrera Chico, salió no divertido, que para eso están los locutores, sino profundamente emocionado, luego de ver el comportamiento de las reses de Barralva y el torero desempeño de los alternantes.

Partieron plaza el venezolano Leonardo Benítez -36 años y 13 de alternativa-, quien ha hecho su carrera en México; el tapatío Guillermo Martínez -24 años y año y medio de matador- y el hidrocálido Arturo Macías, con 22 años y apenas uno de haberse doctorado, confirmando los dos últimos su alternativa.

Los toros fueron de la ganadería de Barralva, que a su simiente mexicana añadió sangre española de Parladé y Conde de la Corte, propiedad de los hermanos Luis Angel y José Ramón Alvarez Bilbao, los cuales borraron con creces la impresión que su hierro había dejado hace algunas temporadas, no por falta de crianza y presencia, sino de definición en su estilo.

Como aquella ocasión, ayer salieron por toriles seis ejemplares muy bien presentados, con edad y trapío, como corresponde a todo ganadero y a toda empresa profesional que se respete, aquí y en cualquier plaza seria del mundo, engalanando los de Barralva el revaluado coso de Insurgentes.

Arturo Macías, que trae el dinero en las hombreras si lo saben aprovechar, enfrentó primero a Cordobón, alto de agujas y bien armado, con 497 kilos y el débil del encierro, al que plantó cara a escasos centímetros de los pitacos para obtener meritorias series por ambos lados, dejar dos pinchazos y un descabello y escuchar palmas.

Lo grande, la comparación obligada con los diestros que figuran, vino con el que cerró plaza, Don Palillo, de 473 kilos, colorado, astifino, descarado de cuerna y paliabierto, que recargó en el puyazo hasta obligar al piquero a hacer la carioca o taparle la salida. Arturo hizo luego un quite por chicuelinas que le fue jaleado, pues el hombre conecta al tendido con facilidad.

Lejos de buscar la faena adecuada frente a aquel tío, Macías sonriente se fue a los medios, se hincó y citó de largo a aquel huracán para ligarle cuatro limpios derechazos entre el polvo y los puñales para poner al público en su lugar, es decir, en el filo de sus asientos.

Claro, fijo y repetidor, el noble torazo acudió una y otra vez a la muleta de Macías, quien seguro y ensimismado ligó enseguida naturales muy bien rematados, la dosantina, un forzado de pecho y más naturales, todo en el centro del ruedo, conectando toro y torero con un público incrédulo ante lo que veía: los toros-toros también pueden ser nobles y emotivos. Dejó una estocada casi entera que bastó. El público exigió las dos orejas y para los despojos del burel se ordenó arrastre lento.

Si después de esta hazaña de Macías, los emprezafios de provincia no le dan corridas es que tienen pacto con... la estupidez.

Guillermo Martínez, segundo espada, batalló con el aire mas no con su vocación al ligarle a su primero estupendos derechazos y soberbios naturales en tablas, así como una magnífica serie de derechazos y de pecho. Mató mal pero fue sacado al tercio con mucha fuerza. Repitió color con su segundo, un astado precioso y hondo que se fue entregando en sucesivas series conforme Guillermo se acoplaba. Volvió a ser sacado al tercio pues su toreo y su actitud transmiten. Empresarios: ¡ahí está otro torero para hacer fiesta y dinero!

A Leonardo Benítez la gente le exigió como corresponde a su trayectoria y amplio repertorio. Eléctrico anduvo con su primero, que fue ovacionado en el arrastre, y más asentado se vio con su segundo, al que colgó un sensacional par al sesgo por dentro y otro cuarteo preciso en los medios. Brindó a su pequeño hijo y cuajó una reposada faena por ambos lados, con naturales de mano muy baja y ceñidos remates. Mató bien y recibió merecida oreja. No, si es tan sencillo ponernos positivos...

 
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