Usted está aquí: sábado 20 de mayo de 2006 Ciencias Fármacos contra la impotencia

Juan Tonda Mazón*

Fármacos contra la impotencia

Más allá de la burla que produce que un hombre sea impotente, ya sea por la cultura milenaria del machismo o por la pobre educación sexual que recibe la población mexicana, debida, entre otras razones, a la deficiente cultura científica que posee, lo cierto es que millones de hombres en todo el mundo padecen ese problema, y desde hace más de cinco años la ciencia ha encontrado un remedio para quienes padecen dicha disfunción sexual. Al igual que en su tiempo la píldora anticonceptiva fue y es un remedio eficaz para no tener hijos, los medicamentos para aliviar la disfunción eréctil se han convertido en el nuevo tabú de las relaciones sexuales. Nadie acepta que toma la píldora, y a la mayoría de los hombres les da vergüenza comprar en la farmacia Viagra, Cialis o Levitra.

Lo cierto es que hoy muchos varones pueden tener relaciones sexuales satisfactorias gracias a los nuevos fármacos contra la impotencia. Y no sólo millones de hombres se ven beneficiados, sino también millones de mujeres que no tenían relaciones con su pareja. Más aún, se está empezando a investigar en las grandes compañías farmacéuticas un medicamento para que las mujeres se exciten y lubriquen, es decir, contra la frigidez. Hoy, los hombres pueden tomar una pastilla que los haga tener una relación sexual satisfactoria (esperemos, por equidad, que muy pronto la mujer), en la que no queden de lado el cariño y la estimulación. Si en una época el sida impidió la satisfacción sexual libre, y hoy, con el uso del condón se han recuperado las relaciones sexuales sin riesgo, no por ello las condiciones anteriores garantizan una relación satisfactoria. Pero los temores y problemas de que el varón responda adecuadamente han quedado de lado gracias al descubrimiento de estos nuevos fármacos. Hoy, muchos sicoanalistas y sicólogos tienen que aceptar que la disfunción eréctil tiene solución, por el bien de las relaciones de pareja, y que dicha solución no se encuentra en su ámbito, sino en el de la farmacología. Puede gustarnos o no tener que tomar una pastilla para disfrutar una relación sexual satisfactoria, pero la solución existe y funciona. Vale la pena mencionar que con el descubrimiento de los nuevos fármacos contra la impotencia, la teoría freudiana de la insatisfacción sexual sufre un gran revés, dado que las causas sicológicas no son tan importantes como las fisiológicas. Para quienes creen en la ciencia, los nuevos fármacos permiten llevar una relación sexual satisfactoria. Por supuesto que los adultos y las personas de la tercera edad son los primeros beneficiados, pero el problema se presenta en todas edades. Y qué mejor que morir sexualmente satisfecho.

Freud tenía razón en que la sexualidad es un aspecto fundamental para una buena relación entre todos los seres humanos. En lo que no tenía razón es en que el sicoanálisis puede curar la impotencia o permitir las relaciones sexuales satisfactorias.

El compañero sexual desempeña un papel fundamental para aceptar que la pareja tome un fármaco contra la impotencia, y la tolerancia nuevamente se convierte en un valor fundamental. La comunicación es necesaria; el miedo y la vergüenza son los grandes enemigos del placer sexual.

Los primeros fármacos para combatir la impotencia sexual son Viagra, Levitra y Cialis.

El Viagra es el más antiguo; se toma y al cabo de media o una hora se pueden mantener relaciones sexuales satisfactorias con la pareja, siempre y cuando haya estimulación; su efecto dura entre cuatro y ocho horas, y posee algunos efectos secundarios, como bochornos, visión azul, mareo y erupciones (no se recomienda para quienes tienen padecimientos cardiacos).

Durante varios años el Viagra fue el único medicamento contra la impotencia masculina. Hoy, Levitra y Cialis son los principales competidores. Cialis ofrece 36 horas de satisfacción sexual, característica que lo ha colocado como su principal rival. Su mayor desventaja, al igual que la de otros medicamentos contra la impotencia, es su elevado costo. Las empresas farmacéuticas argumentan que han tenido que invertir millones de dólares en la investigación de sus productos, lo cual aparentemente puede resultar convincente. Pero si se mira objetivamente, es verdad que las grandes farmacéuticas han lucrado con un problema fundamental de salud de la población mundial. Para apreciarlo claramente: es como si lucráramos con las vacunas contra el sarampión, la difteria, el cólera y la poliomielitis, o con la venta de condones y anticonceptivos. Los medicamentos para los principales problemas de salud deben ser accesibles para la mayoría, más aún cuando se trata de la salud sexual de la población.

* Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM y Somedicyt

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