Usted está aquí: domingo 9 de abril de 2006 Opinión Muy antigua biblioteca

Angeles González Gamio

Muy antigua biblioteca

México tiene una larga tradición en la creación de bibliotecas, que data de la época prehispánica. Cabe recordar los códices, que eran los libros que recogían la historia, costumbres, leyes, creencias y demás de nuestros antepasados indígenas, escritos en bellas y coloridas pictografías que fueron salvajemente destruidos por los evangelizadores españoles, por considerarlos obras de idolatría. Escriben los cronistas que cientos de volúmenes fueron sacados de las "casas de libros" para pasar a la pira.

Los pocos que se salvaron nos permiten imaginar las maravillas que se perdieron; algunos de los códices sobrevivientes, plasmados en lienzos de algodón, pieles, papeles de amate y europeos, se encuentran muy bien custodiados en una bóveda como de banco, con temperatura y humedad controladas, en las entrañas del Museo Nacional de Antropología, a cargo de la biblioteca que aloja el magno recinto y que ahora es dirigida por la brillante y simpatiquísima etnóloga Julieta Gil Elorduy, quien sobrevivió recientemente a la cornada del toro Pajarito, que brincó a los tendidos en la Plaza México.

Como si nada, despacha ya en su bella oficina del museo con vista al bosque, que perteneció a don Alfonso Caso, cuyo extraordinario retrato, pintado por Siqueiros, preside la entrada.

Los orígenes de la biblioteca datan de 1823, cuando Guadalupe Victoria crea el Museo Nacional, aunque sería hasta 1888 cuando se le fundó formalmente; en 1964, al trasladarse de la antigua sede en la Casa de Moneda al flamante Museo Nacional de Antropología, fue declarada Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

El hermoso espacio que ocupa la sala de lectura, con magnífica vista al bosque, inspira para estudiar con paz y concentración los ricos contenidos del acervo, que incluye las bibliotecas y archivos de personajes como Lorenzo Boturini, Francisco del Paso y Troncoso, El Nigromante, Pablo González Casanova (padre), Manuel Gamio y Luis González Obregón.

Hay un Fondo Reservado con algunos incunables, calendarios, guías de viajeros y fondos de conventos, conformado por hermosos libros con forros de pergamino, exquisitas letras y las marcas de fuego que distinguían a cada orden religiosa.

El archivo histórico, que inició doña Eulalia Guzmán, preserva los libros de los procesos inquisitoriales y los documentos institucionales con sellos en seco. Asimismo, custodia el archivo técnico de refugiados españoles, mapas, fotografías, y la hemeroteca contiene especialmente periódicos del siglo XIX.

El subdirector técnico, Marco Antonio Tovar, quien lleva 26 años en la biblioteca, muestra con orgullo un ejemplar del Diario de México, de 1803, donde se introduce por vez primera el formato de doble columna, y otro de La Orquesta, de 1861, periódico crítico donde nace formalmente la caricatura política, que costaba la fabulosa cantidad de 6 reales. También presume El Tiempo, que en 1912 inaugura el que podemos considerar formato periodístico moderno, con ocho columnas y publicidad.

Como se puede apreciar, hay muchas razones para darse una vuelta por la biblioteca, que se encuentra en el segundo piso del Museo Nacional de Antropología, además de visitar sus fascinantes salas, que ha renovado en los últimos años su apasionado y talentoso director, Felipe Solís.

El remate de la deleitosa visita tiene que ser en la Casa Merlos (de miércoles a domingo), situada en Victoriano Zepeda 80, a un par de cuadras de la avenida Observatorio, donde desde hace 20 años la encantadora Lucina Merlos, marido e hijas, le descubren el universo deslumbrante de la gastronomía poblana tradicional. El tequila se acompaña con unas chalupitas bajadas del cielo. Para el primer plato, una sopa de tortilla seca, y después el gran dilema; de escoger el mole, pídale a doña Lucina que le lleve una pequeña degustación para probarlos todos, y que le ayude a tomar la importante decisión: Chichihualco, Pipián, Acaltzingo, blanco (de semilla de melón), Huamiztlán, Villalta, Chautla; son moles prehispánicos de chiles mulato, pasilla, ancho y chipotle, tomate y hierbas.

El secreto está en la preparación de los ingredientes y su mezcla, el secado de los chiles al sol, el cultivo casero del orégano, tomillo y demás hierbas, y canela delgada, que tiene más sabor; del pueblo de Ojí, en la sierra, trae el ajo, y de Teziutlán, las cebollitas criollas y los ayocotes, esos enormes frijoles prehispánicos. Además de la carta habitual, siempre hay platillos de temporada; en estas fechas, bacalao, romeritos y manchamanteles con pato. Si todavía tiene lugar, de postre puede elegir entre capirotada, arroz con leche y natillas.

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