Usted está aquí: lunes 27 de marzo de 2006 Opinión Latinoamérica: oportunidad historica

Editorial

Latinoamérica: oportunidad historica

Las diferencias económicas, políticas y sociales entre el gobierno de Estados Unidos y el resto del continente se multiplican semana a semana. En la que acaba de concluir tuvo lugar, en el país vecino, una activación organizativa sin precedente de los trabajadores migrantes de origen latinoamericano; Washington prosiguió en su ruta de confrontación con el gobierno de Venezuela, en tanto que en Argentina y en Bolivia se dieron pasos importantes en procesos de nacionalización de recursos ­la red bonaerense de agua, en un caso; hidrocarburos, minería y agua, en el otro­, asunto que para el gobierno de George W. Bush es herejía y ofensa.

En distintos grados y con diversas intensidades, la superpotencia y el resto de las naciones del hemisferio avanzan hacia lo que se perfila como una confrontación inevitable. Parece difícil que, en el ámbito social, Washington renuncie a criminalizar la migración laboral, en la medida en que la persecución legal de los migrantes constituye un mecanismo para abaratar la mano de obra que llega a su territorio. En lo político la Casa Blanca multiplica sus señales de hostilidad hacia Cuba y Venezuela; en lo económico el vecino país del norte mantiene su presión para imponer un acuerdo de libre comercio regional, en tanto el Mercosur, con Argentina y Brasil a la cabeza, sigue pugnando por un acuerdo comercial regional menos desigual y depredador que el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que impulsan el gobierno de Bush y sus aliados coyunturales, el gobierno mexicano entre ellos.

Lejos de haber caído en desuso, como imaginaban los teóricos locales del neoliberalismo, el tema de las soberanías nacionales ha resurgido con vigor renovado y constituye un eje del desempeño gubernamental en Caracas, Brasilia, Buenos Aires y La Paz. Queda por saber cómo va a alinearse, en el ámbito regional, el nuevo gobierno que preside Michelle Bachelet en Chile. El desarrollo de los sucesos depende también de los resultados de los procesos electorales que tendrán lugar este año en Perú y en México, en abril y julio, respectivamente, y que podrían generar reformulaciones de ambos países en materia de política exterior.

La actual circunstancia hemisférica no tiene precedente. Nunca había sido tan cuestionada la hegemonía estadunidense en el subcontinente ­su patio trasero, en la visión de los propios políticos de Washington­ y nunca en la historia de América Latina habían coincidido en el ejercicio del poder tantos gobiernos que discreparan abiertamente de la Casa Blanca.

Por otra parte, en ningún otro momento de la historia reciente se había manifestado en el escenario mundial una debilidad tan grande de Estados Unidos: militar y políticamente empantanado en Irak en una guerra criminal y sin futuro, perdida su hegemonía en Asia, anulado su discurso democrático por las atrocidades de sus fuerzas militares y sus cuerpos de inteligencia en distintos puntos del globo, desprestigiado en lo interno su gobierno por la corrupción, la ineficiencia y la mendacidad, Washington ya no dispone del margen de maniobra que le permitió durante muchas décadas alinear a los gobernantes latinoamericanos, así fuera remplazándolos por dictaduras sangrientas.

Parece presentarse, así, una oportunidad inapreciable para que las naciones de América Latina definan en forma soberana las modalidades de su desarrollo y se consagren a reducir el pavoroso abismo social que las divide en mayorías miserables y élites prósperas, recuperar sus patrimonios nacionales saqueados y privatizados impulsar procesos de integración regional que le permitan incorporarse como un bloque ­esto es, en condiciones mucho más favorables­ a la economía mundial.

La concreción y la consistencia de tal oportunidad dependen, en buena medida, del papel regional que desempeñe el gobierno que inicie en nuestro país el próximo primero de diciembre. México puede ser ­ha sido­ un factor de contención a los intereses colonialistas del vecino del norte, pero en los últimos tiempos fue llevado por los gobernantes en turno al papel de esquirol de Latinoamérica, sobre todo en los debates en torno a los modelos de integración comercial. El próximo presidente tendrá en sus manos, pues, una responsabilidad enorme que trascenderá las fronteras nacionales.

 
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