Usted está aquí: viernes 17 de marzo de 2006 Opinión La manipulación del Estado laico

Gabriela Rodríguez

La manipulación del Estado laico

Me queda claro que cuando un panista se dice defensor del Estado laico entiende exactamente su significado opuesto: imponer una visión religiosa en las políticas publicas. ¿De qué otra manera podemos interpretar los pactos de Felipe Calde-rón frente a los evangélicos en la reunión que sostuvo a principios de mes? Después del discurso del representante religioso, el abanderado panista recurrió a las emblemáticas referencias bíblicas para expresar simultáneamente su entusiasmo religioso y su empuje electoral: "Ser de alguna manera el hijo desobediente", como se hace llamar, "es no vencerse ante la adversidad; ser capaz de hacer frente a los que parecen poderosos; ser capaz de reunir la fuerza, la fortaleza, la creencia para poder derrotar a quienes se asumen como poderosos e indestructibles. La historia está llena de Goliat que vence a David... o, más bien, de David que vence a Goliat". Bueno, cualquiera se equivoca, los actos fallidos son expresión directa del inconsciente, diría Freud. ¿Qué?, ¿ya se siente vencido el candidato? Pero además el líder michoacano se congratuló de que México "fue bendecido" con muchos recursos naturales y aclaró que su concepto de laicidad implica que el Estado no imponga ni coarte ninguna creencia o práctica religiosa (La Jornada, 3/6/06).

Sin duda esta audiencia de evangélicos, prentecostales, bautistas, metodistas y presbiterianos han sido de los principales beneficiarios del Estado laico: desde hace 150 años este marco les ha permitido respirar en una atmósfera dominada por los jerarcas católicos; gracias al artículo tercero constitucional, han podido enviar a sus hijos a escuelas públicas y ser respetados en su derecho a elegir religión sin ser víctimas de opresión ni discriminación. Pero el ejercicio de esa libertad no puede traducirse en la promoción de una educación religiosa en las escuelas, por más que compartan con la Iglesia católica al mismo mesías y al mismo referente bíblico. Aunque el obispo católico de Texcoco, Carlos Aguilar Retes, reconozca que las llamadas iglesias históricas coinciden plenamente con la visión cristiana, éstas no pueden comprometer al Estado en esta tarea, ni un candidato presidencial está autorizado para imponer creencias e interpretaciones de un libro sagrado a todo el pueblo de México.

Es realmente increíble, y más bien ridículo, que Calderón reproduzca casi textualmente el fallido decálogo de compromisos que hiciera Fox con las iglesias durante su campaña en 1999. ¿Qué no era el hijo desobediente?

Para bien de mexicanos y mexicanas, el Presidente no pudo cumplir ninguna de sus promesas y les tomó el pelo a los jerarcas eclesiales "como a viles chinos". Ahora su candidato se ha comprometido nuevamente a dar posesión de los medios de comunicación masiva a grupos religiosos, a impartir educación religiosa en escuelas públicas, a dar asistencia religiosa en hospitales y reclusorios, y hasta a retirar la prohibición para que los ministros realicen expresiones políticas" (La Jornada, 3/6/2/06). ¿Será que Norberto querrá lanzarse para diputado?

Al suscribir estos pactos con los jerarcas eclesiales, el candidato blanquiazul pretende reivindicar la libertad de culto de esos grupos pisando la libertad de culto de todos los demás, a quienes coloca en riesgo de discriminación y exclusión. Con estos acuerdos Calderón está violentando las libertades religiosas de agnósticos y de otras minorías religiosas, así como de la mayoría de católicos que tiene una interpretación distinta a la de obispos y cardenales respecto de ciertos principios religiosos y de las propias encíclicas papales, particularmente de la más reciente, promulgada por Benedicto XVI.

Como ejercicio de la libertad de conciencia, más de 70 por ciento de católicos y católicas del país están en desacuerdo con las regulaciones vaticanas, y juntamente con amplios sectores de protestantes, judíos, agnósticos y "otros" credos están en contra de la censura a la libertad de expresión de artistas y de productores de medios de comunicación, contra la discriminación de parejas homosexuales; en general estos grupos mayoritarios no rechazan los anticonceptivos ni los derechos reproductivos de las mujeres ni condenan el uso del condón, la anticoncepción de emergencia ni el aborto en ciertas circunstancias.

La más peligrosa expresión de pactos entre partidos conservadores con grupos cristianos y católicos es la de los republicanos gringos. Esa alianza ha permitido que la nueva derecha (empresarios sin escrúpulos, jerarcas eclesiales y políticos corruptos) dominen el Congreso desde hace dos décadas, y ha sido estratégica para sostener una economía internacional bélica y neoliberal: guerras, invasiones, políticas de ajuste estructural y programas contra los derechos humanos que se han venido imponiendo desde Washington al mundo no desarrollado.

Desde tiempos de Reagan, venimos atestiguando un retroceso en los procesos de laicidad que está afectando a las instituciones democráticas de América, sobre todo porque manipular a las masas con mensajes teológicos ha sido un factor de éxito político en sociedades que consideran que "los políticos ateos son inapropiados para los puestos públicos". Con esta frase coincide la gente de países de Medio Oriente, así como de Filipinas y Uganda; en nuestra región la aprueban casi la mitad de los ciudadanos de Venezuela y de Estados Unidos, tal como muestra la Encuesta Mundial de Valores a la que me referí en el artículo anterior (La Jornada, 3/3/06). En el resto del mundo, esta frase es altamente rechazada.

Para ser más pragmático, Calderón tendría que ocultar sus intereses religiosos, y debería saber que es casi imposible revertir la secularización en nuestras sociedades.

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