Usted está aquí: jueves 16 de febrero de 2006 Política Irán, al Consejo de Seguridad

Miguel Marín Bosch*

Irán, al Consejo de Seguridad

Las supuestas ambiciones nucleares de Irán siguen siendo tema de discusión en los foros internacionales, las publicaciones especializadas en la materia y los medios de comunicación. Como parte en el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP, por sus siglas en inglés), Teherán tiene el "derecho inalienable" de "desarrollar la investigación, la producción y la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos sin discriminación". También tiene el compromiso de no tratar de adquirir armas nucleares. Para asegurar a la comunidad internacional que no lo está haciendo, debe informar acerca de todas sus instalaciones nucleares y firmar (como lo hizo) con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) acuerdos de salvaguardias, que incluyen inspecciones sobre el terreno. Estas inspecciones son periódicas y se anuncian con cierta antelación. Para mejor el sistema de salvaguardias, hace algunos años el OIEA elaboró un Protocolo adicional de inspecciones que permite visitas no anunciadas de sus técnicos.

Irán ha firmado, pero no ratificado ese protocolo adicional. Es más, durante años no declaró al OIEA todas sus instalaciones nucleares. Ahora, al anunciar que está desarrollando una capacidad para enriquecer uranio, ha alborotado a buena parte de la comunidad internacional. Lo que está haciendo Irán no viola el TNP, pero, dada su pasada falta de transparencia con el OIEA, han surgido dudas acerca de sus verdaderas intenciones.

El uranio enriquecido sirve para fines civiles y militares. Puede alimentar los reactores de investigación y las plantas de producción de energía eléctrica, pero también se utiliza para construir una bomba nuclear. Hace 25 años, cuando Israel (que ya tenía su propio arsenal nu-clear, pero sin declararlo) alegó que una central nuclear en Irak, cuya construcción no se había terminado, podría producir uranio enriquecido para armas nucleares, decidió bombardear la instalación en Osirak, cerca de Bagdad. Fue el primer ataque aéreo (y hasta hoy el único) en contra de una central nuclear.

En junio de 1981, a escasos días del ataque, el Consejo de Seguridad lo condenó y reconoció "plenamente el derecho soberano inalienable" (de Irak ) "de establecer programas de desarrollo tecnológico y nu-clear" con fines pacíficos. La planta nuclear destruida había sido construida por Francia. Eran los años de la guerra entre Irak e Irán y Occidente vendía todo lo que podía a Saddam Hussein.

En esa ocasión el Consejo de Seguridad también pidió que Israel sometiera "urgentemente sus instalaciones nucleares a las salvaguardias" del OIEA. El Consejo sigue esperando (en silencio) que Israel lo haga.

El primer sábado de este mes, los delegados de los 35 países que integran la junta de gobernadores del OIEA en Viena interrumpieron su fin de semana para pronunciarse sobre las pretensiones nucleares de Teherán. Lo hicieron mediante una resolución que apoyaron 27 países. Tres (Cuba, Siria y Venezuela) votaron en contra y cinco se abstuvieron (Argelia, Belarús, Indonesia, Libia y Sudáfrica). Los países latinoamericanos que emitieron un voto afirmativo fueron Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador. México no es miembro de la junta.

Con esa resolución llegaron a su fin los esfuerzos que durante casi tres años habían venido desplegando Alemania, Francia y el Reino Unido por tratar de convencer a Irán de que desistiera de su propósito de enriquecer uranio. Los tres países europeos intentaron armar un paquete de incentivos (léase premios) políticos, tecnológicos, económicos y de seguridad que fuera lo bastante atractivo para convencer a Teherán de suspender su programa nuclear. Pero no fue posible, ya que Irán no es cualquier país en desarrollo dispuesto a un trueque como el propuesto. Además, la estridencia de los comentarios de Estados Unidos y las respuestas incendiarias del presidente Mahmud Ahmadinejad complicaron el asunto.

Rusia siguió otra táctica, ofreciendo enriquecer el uranio iraní. Pero en los últimos días Teherán le ha dado largas al inicio de las pláticas sobre el tema.

El presidente de Irán ha seguido subiendo el volumen de sus declaraciones. El pasado 11 de febrero amenazó con retirar a su país del TNP si se intenta "destruir los derechos del pueblo iraní" a proseguir con el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos. Al día siguiente, un portavoz de la cancillería se apresuró a insistir en que Teherán no piensa abandonar el TNP, pero agregó que "no aceptaremos" que el tratado sea "utilizado como instrumento político".

La resolución de la junta de gobernadores del OIEA afirma que la controversia en torno a las intenciones de Irán en el campo de desarrollo nuclear puede resolverse por la vía pacífica. Para ello es menester que Teherán suspenda su programa para enriquecer uranio, actúe con más transparencia, ratifique el protocolo adicional y tome medidas que fortalezcan la confianza de otros gobiernos en sus actividades nucleares.

Además, la resolución pide al director general que informe sobre este asunto a la junta de gobernadores cuando se reúna, en marzo, y luego que acuda al Consejo de Seguridad para que se tomen las medidas del caso. En otras palabras, le están dando un poco más de tiempo a Irán para que cumpla con lo solicitado en la resolución. Este plazo adicional fue acordado a solicitud de China y Rusia, que no querían que el asunto se llevara de manera precipitada al Consejo de Seguridad. Además, a instancias de Egipto, la resolución contiene una alusión indirecta a Israel cuando afirma que una solución al asunto iraní "contribuiría a los esfuerzos globales de no proliferación y a la realización del objetivo de un Medio Oriente libre de armas de destrucción en masa, incluyendo los medios para transportarlas". Ya veremos lo que pueda hacer en marzo el Consejo de Seguridad.

* Director del Instituto Matías Romero y ex subsecretario de Relaciones Exteriores

 
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