Usted está aquí: martes 20 de septiembre de 2005 Opinión Filosofía y sicoanálisis

Teresa del Conde

Filosofía y sicoanálisis

Del 12 al 14 del mes en curso se efectuó un simposio en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, organizado por los profesores Alberto Constante, Ana María Martínez de la Escalera y Leticia Flores Farfán, con un título seductor, Las pasiones del alma, ante un público sobre todo estudiantil que saturó ese recinto.

Entre los participantes, quienes se adentraron en teoría sicoanalítica, fuere en relación con la filosofía, la religión, la historia o la literatura, lo hicieron predominantemente bajo una tónica lacaniana, pero conviene asentar que cierto número de participaciones correspondieron a trabajos que muy poco o nada tuvieron que ver con el sicoanálisis y sí con temas que varios de los ponentes han solido manejar en sus cursos.

Esto hace pensar que si los organizadores se propusieran (¡y vaya si conviene!) otra reunión análoga, convendría que solicitaran a sus convocados un extracto de lo que va a dar lugar a sus posibles alocuciones, con objeto de que todos los trabajos -aunque se vieran reducidos en número- correspondieran al enunciado del simposio. Aun así habría chascos, pero no tan surtidos.

Como responsable de la conferencia inaugural, distinción que mucho agradezco, asumí la necesidad de asistir a la mayoría de las mesas redondas que se presentaron y por ello me permito insistir en que ocurrieron desniveles considerables, cosa en la que insisto no con afán de minusvaluar trabajos presentados, sino con la intención de subrayar, dentro de la que es mi propia Facultad universitaria, en la toma de consciencia de un fenómeno que está a la vista.

Las llamadas ''ciencias humanas" o ''ciencias sociales" incluyen de manera ineludible al sicoanálisis de raíz predominantemente freudiana (y por tanto lacaniana) como disciplina conjetural, como ingrediente interdisciplinario o herramienta de importancia, como lo postulan o lo han postulado en otras latitudes, por ejemplo, Primo Levi, Carlo Ginzburg y Remo Gudei, entre varios otros, antecedidos por los postulados que llevó a cabo el recientemente fallecido Paul Ricoeur. Es decir: el sicoanálisis es parte del episteme, no es sólo, ni con mucho, un método terapéutico (aunque también lo sea).

Desde luego que sí hubo ponencias sicoanalíticas que precisamente destacaron por tomar absolutamente en serio el título del simposio, como la de Alberto Sladogna, la de Sara Bercovich y la de Rosario Herrera, sicoanalista responsable del Colegio de Filosofía en la Universidad Nicolaíta de Michoacán, quien habló de la pasión, así como ''del deseo del otro". Ella hizo gala, además, de un sentido del humor poco frecuente en este tipo de reuniones.

Otras ponencias destacadas estuvieron a cargo de filósofos e historiadores que poseen rigurosa formación sicoanalítica. Así Ricardo Blanco Beledo, desglosó el conflicto de la violencia y lo sagrado en la tradición judeo-cristiana. Con varios trabajos importantes en este campo, Blanco Beledo insistió con suma claridad en el problema de la alteridad.

Por su parte Boris Berenzon, quien se asume como un cruzado de la intersubjetividad, destinó su alocución a destacar la forma en que actúan los elementos latentes, es decir preconscientes y subjetivos, al plasmarse en el análisis histórico de los discursos del pasado.

Entre las ponencias no propiamente sicoanalíticas, pero con méritos propios, interesantes por sus propios contenidos y por su coherencia discursiva, destacaron las participaciones de Renata von Hanffstengel y Luz Aurora Pimentel. La primera trajo a colación a una discutida protagonista cultural del siglo XX mexicano: Nahui Olín.

Luz Aurora trató del voyeurismo y los celos en Shakespeare (Otelo) y en Proust (Albertine Disparue).

Alberto Constante pretende la edición de una memoria que contenga todas las ponencias. Sería un libro necesario, si logra reunir al menos las que no supusieron por parte de los ponentes una exposición breve, pero improvisada, de sus respectivos planteamientos.

Lo digo porque percibí que hubo ponencias acertadas, sí, pero que carecieron de la formulación del texto por escrito. Y la experiencia nos ha mostrado que transcurrido el acontecimiento, quienes en él se involucraron sin haber formulado un texto de apoyo, suelen posponer el compromiso de entregarlo, con lo que la memoria se relega a las calendas griegas.

Ojalá este artículo sirva para alertar a los organizadores de este apasionante simposio a que lleven a buen fin su cometido, porque de sobra sabemos que las palabras vuelan.

 
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