Usted está aquí: miércoles 14 de septiembre de 2005 Ciencias El biofiltro, opción para eliminar malos olores de aguas residuales

Esta tecnología, impulsada por Conacyt y la AMC, es más barata que la del extranjero

El biofiltro, opción para eliminar malos olores de aguas residuales

En México enfrentamos problemas para comercializar los resultados, lamenta investigador

Se utiliza composta vegetal, que después de varios meses es usada para mejorar la tierra

Ampliar la imagen Con los biofiltros se aliviar�el malestar de poblaciones aleda�a las plantas de tratamiento, coment� investigador Adalberto Noyola Robles, de la UNAM. En la imagen, canal de aguas tratadas en Tula, Hidalgo FOTO Fabrizio Le� Foto: Fabrizio Le�

Evitar malos olores generados por plantas de tratamiento de aguas residuales o pozos de bombeo del drenaje es uno de los objetivos de los biofiltros, desarrollo tecnológico del equipo de investigación encabezado por Adalberto Noyola Robles, del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Este proyecto, que se encuentra en la lista de los Casos de Exito de la Ciencia Mexicana, elaborada por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), es, a decir de Noyola Robles, un instrumento de mucha utilidad, sobre todo en las plantas de tratamiento que se encuentran dentro de las grandes ciudades o próximas a zonas pobladas.

Elimina el ácido sulfhídrico

De acuerdo con el investigador, este proyecto parte de la necesidad de controlar los malos olores de las plantas de tratamiento de aguas residuales, porque muchas de esas instalaciones son rechazadas por poblaciones aledañas, sobre todo por el olor a "huevo podrido" originado por el ácido sulfhídrico.

Por esa razón, comentó, se tomó la molécula de dicho ácido como centro del mal olor para eliminarlo con estos biofiltros, que son sistemas compuestos por columnas rellenas de composta vegetal, mediante las cuales pasan los gases malolientes para ser degradados.

"La ventaja de ese proceso es que la composta vegetal es muy barata y, una vez agotado su uso dentro de los biofiltros, lo cual ocurre después de varios meses de haber sido colocada, se puede utilizar para mejorar la calidad de los suelos."

Noyola Robles lamenta que pese a que la adquisición y operación de esta tecnología es más barata en comparación con otras similares desarrolladas en el extranjero, no haya habido interés ni sistema adecuado para colocarla en el mercado.

Consideró que el "talón de Aquiles" de las universidades mexicanas es la comercialización de los productos tecnológicos que sus plantas de investigadores desarrollan, pues afirmó que en algunos casos no sólo es inadecuada, sino "simplemente no existe".

Poca experiencia en comercialización

"Saber cómo llevar una investigación que tiene potencial aplicación en el mercado al terreno comercial, es lo que hace falta en México, pues existe muy poca experiencia en ese campo, y la que hay ha sido con base en la propia capacidad de los investigadores, quienes la mayoría de las veces trabajan en ese terreno de manera improvisada."

Desde el punto de vista del especialista, para el tratamiento y reuso de agua en México debería existir un sistema similar al que tienen las universidades de los países desarrollados, donde está bien definido hasta dónde llega el trabajo de un investigador en caso de un descubrimiento tecnológico y en dónde empieza la del promotor comercial.

En cambio, en México, dijo, el investigador no sólo desarrolla la tecnología, sino debe trabajar en parte de la comercialización de su producto, lo cual genera frustración, dado que es una labor que desconocen y, por lo general, provoca muchos tropiezos para colocarla en el mercado, si es que lo logra.

Lamentablemente, el biofiltro no ha logrado grandes ventas, aunque ha sido apoyado económicamente por el Conacyt y puede ser de gran utilidad para varias plantas de tratamiento de aguas residuales que se encuentran dentro de las ciudades o próximas a poblaciones.

Noyola Robles precisó que esta tecnología ha sido instalada en unos cuantos lugares, entre ellos la planta de tratamiento de agua residual de la UNAM y en otra de pequeñas dimensiones ubicada en la delegación Xochimilco.

A pesar de los inconvenientes para posicionar sus biofiltros en el mercado, el investigador de la UNAM se siente satisfecho por este proyecto de investigación, ya que generó una tesis doctoral, publicaciones científicas, participaciones en congresos y aplicación social.

Mencionó que en el biofiltro, que tardó tres años en concretarse, también participó un investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Academia Mexicana de Ciencias

 
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