Usted está aquí: jueves 30 de junio de 2005 Opinión Teatro para niños

Olga Harmony

Teatro para niños

Desde hace ya bastante tiempo el teatro para niños se ha olvidado de los cuentos antañones y ofrece nuevas perspectivas para que el público infantil pueda disfrutar y al mismo tiempo reflexionar en asuntos que le atañen en el supuesto de que los padres y las madres de familia que los llevan a ver las diferentes escenificaciones hablen con ellos y les sirvan de guía. Un buen ejemplo sería ¡Adiós, querido Cuco!, la obra de Berta Hiriart, que ganó el Premio Nacional Obra de Teatro para niños 2004 y es dirigida por la también laureada Perla Szumácher; ambas pertenecen al Sistema Nacional de Creadores de Arte y sus propuestas siempre resultan muy atractivas. En este texto, la autora aborda el difícil tema de la pérdida de los viejos queridos tomando como punto de partida la muerte de un perro, propiedad de la abuela Titina y el dolor que produce en la pequeña Pola, quien cada sábado acude a visitarla y pasar con ella el fin de semana. Se van dando los tiempos del duelo acordes con los tiempos del calendario y la manera como Pola va superando su pena al pintar -artilugio de la abuela- cuadros de Cuco, hasta que logra asimilar, al volver al perro un recuerdo muy grato, el hecho de la muerte y el renuevo de la vida que se da al final. Los pequeños espectadores son llevados de la mano para aceptar estos hechos sin violencia y sin traumatismos.

Berta Hiriart se vale del expediente de los pajarracos que empiezan la historia y de un narrador, que en principio fue Cuco, que va apoyando la acción. La directora utiliza los recursos que el texto le ofrece y les da mayores dimensiones, como es el hecho de que el Cuco-narrador tenga pequeñas acciones como la ''sombra" del teatro oriental, pero hechas con tanta gracia que dan un aspecto casi mágico y logran que se pierda toda posibilidad de morbo. En una muy buena escenografía de Matías Gorlero, consistente en una barda, con el indispensable nido al centro, que tiene tablas giratorias que ofrecen un banco, el muy gracioso lecho de la abuela, y un trasto con macetas, así como el árbol que va dando -junto a la iluminación del propio escenógrafo- el paso de las estaciones, se desenvuelve la acción. Inicia con los tres actores con ropaje y tocado -debido a Patricia Miramontes- de pajarracos, en el excelente vestuario de Edyta Rzewska, que con un simple movimiento se convierten después en las ropas de Titina y Pola, conservando su frac Cuco, que será perro con el aditamento de grandes orejas. La chistosa escena de los pajarracos poniendo sus huevos, con que se abre la escenificación, ayuda a que el tono de tristeza contraste, pero también se diluya. Perla Szumácher cuenta con las muy buenas actuaciones de Ricardo Esquerra como Cuco, Haydée Boetto como la abuela Tina y Micaela Gramajo como Pola y con la música original de Mariano Cossa en este muy profesional y excelente montaje para niños.

También muy profesional es la escenificación de Puente de piedra y la piel de imágenes de Daniel Denis dirigida por Boris Schoemann con su grupo Los Endebles a los que se suma la siempre grata presencia escénica de Carmen Mastache, aunque el texto no resulte tan grato al hablar de temas tan duros como es la guerra, la trata de niños esclavos y con el ingenuo recurso final de que se logrará la paz cuando todos hablemos un idioma común.

La guerra es algo lejano a la experiencia de nuestros niños, aunque no ignoren que existe porque muchos oyen hablar de ella o ven sus escenas en la televisión, pero el tratamiento que se da es excesivamente cruel, con escenas tales como aquella en la que los dos amigos protagonistas, ya esclavizados en una fábrica, son obligados por el guardián a golpearse por el puro sadismo de éste y que si bien a los adultos nos puede recordar la sevicia de la invasión de Irak, resulta del todo inapropiada para los pequeños. Es verdad que las guerras existen, pero el tratamiento puede ser otro que la crudelísima historia que plantea el dramaturgo canadiense, por otra parte estructurada con tantas peripecias, la mayoría sangrientas, que escapan a la atención de los espectadores, a pesar de la buena dirección de Schoemann y del desempeño de los actores en una excelente escenografía de Jorge Kuri Neumann, con vestuario de Pilar Boliver, y diferentes asesorías que dan cuenta de una escenificación muy cuidada para un texto no convincente.

 
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