Usted está aquí: martes 14 de junio de 2005 Opinión El uso médico de la mariguana

Javier Flores

El uso médico de la mariguana

Desde hace algunos años se desarrolla un importante debate sobre el empleo de la mariguana en el tratamiento de las enfermedades. Pero hace pocos días, el 6 de junio, la Suprema Corte de los Estados Unidos emitió una resolución en la que se prohíbe su empleo con fines médicos, por lo que las autoridades federales de ese país podrán perseguir inclusive a enfermos que la consumen bajo supervisión médica.

Pese a este tipo de procesos regresivos, la idea del empleo de la mariguana con fines curativos parece ir ganando cada vez mayor terreno, aunque no en el campo judicial, sino en el de la investigación científica. No es casual que sea así, pues desde tiempos de nuestras abuelas (cuya sabiduría es incuestionable) y mucho antes, la planta era utilizada como remedio para enfrentar algunos males, como el reumatismo, entre muchos otros.

La marihuana, en su estado natural, contiene alrededor de 400 elementos, muchos de ellos con potencialidad terapéutica. El más estudiado es el delta9-tetrahidrocanabinol (THC, en adelante), al que se considera el principal componente psicoactivo de la planta. Uno de los hallazgos que ha potenciado la investigación en esta área ha sido la identificación de los sitios con los que se asocia el THC en el organismo para producir sus efectos. Se trata de proteínas que se encuentran en la membrana de las células, a las que esta sustancia se une.

Se han identificado dos de estos sitios receptores (aunque pudiera haber más), uno llamado BC1, que se localiza en las regiones cerebrales relacionadas con algunos estados de ánimo, el control motor, la memoria, la regulación de la ingestión de alimentos y el procesamiento del dolor entre otras. Otro receptor, llamado BC2, se localiza principalmente en tejidos de los sistemas inmune y reproductivo.

La presencia de estos receptores indica que existen, de manera natural en el organismo, sustancias que se asocian con ellos. No se trata de una mariguana endógena, sino de mediadores químicos parecidos en una parte de su estructura al THC. También se han desarrollado algunos agentes sintéticos con afinidad por los receptores, de tal manera que se ha ido acumulando una batería de sustancias, naturales y artificiales, que pueden activar o bloquear específicamente al BC1 o al BC2 o a ambos. Así, se podrá entender mejor la función del sistema nervioso y otras regiones. También se pueden crear tratamientos para algunas enfermedades.

Entre los efectos más conocidos de la mariguana se encuentran sus propiedades antieméticas, es decir, evitar las náuseas y el vómito, y otros efectos como el aumento en la ingestión de alimentos. Por ello se ha utilizado en pacientes con cáncer que reciben tratamientos con quimioterapia, y en enfermos con VIH-sida quienes, al igual que los que padecen cáncer, llegan a perder mucho peso. Pero además de lo anterior, el THC y otros canabinoides tienen potencial terapéutico en el tratamiento del dolor y la esclerosis múltiple.

Se han demostrado sus efectos analgésicos en modelos animales, que aunque en algunos aspectos son similares a los de los opiáceos, tienen su especificidad. Estudios recientes anticipan su efectividad en el tratamiento de estados de dolor crónico y se ha encontrado que su eficacia es mayor en el dolor que es consecuencia de procesos inflamatorios o de lesiones. Además, los efectos adversos se sitúan en un nivel más amigable que los de opiáceos como la morfina.

En condiciones normales, las neuronas tienen, además de su membrana, una cubierta de mielina que actúa como un elemento aislante que regula la velocidad con la que se conducen los impulsos nerviosos. La esclerosis múltiple es una enfermedad en la que ocurre una desmielinización en el cerebro. Se altera así la conducción de las señales neviosas y por lo tanto todas las funciones neuronales. Un estudio reciente muestra que el THC reduce los daños a nivel celular y los síntomas de esta patología también en modelos animales (Fujiwara y Egashira, Journal of Pharmacological Sciences 96: 362-366, 2004).

Otros efectos de la mariguana, como los cardiovasculares (aumento de los latidos cardiacos y reducción de la presión arterial), mantienen activos proyectos de investigación en el mundo. Lo mismo ocurre con los estudios para el tratamiento del trastorno bipolar (depresión y manías) que se realizan en universidades como la de Newcastle, en Gran Bretaña; sobre el balance energético, en el Consejo Nacional de la Investigación, en Italia; sobre la enfermedad de Parkinson, en la Universidad Complutense de Madrid, y sobre sus efectos neuroprotectores, que se realizan en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Nuestras abuelas tenían razón, y en el futuro la mariguana seguirá siendo, pese a las prohibiciones, uno de los remedios que seguiremos usando para enfrentar nuestros males.

 
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