Usted está aquí: jueves 2 de junio de 2005 Opinión ¿Cómo gobernaría el PRD?

Martí Batres Guadarrama

¿Cómo gobernaría el PRD?

Con el aumento del porcentaje de ciudadanos que consideran que el PRD ganaría la elección presidencial en julio de 2006, ha aumentado también el interés por saber cómo sería un gobierno perredista.

Existen diversos prejuicios, fundados o infundados, que distorsionan la imagen de lo que sería un gobierno perredista. Preocupa a algunos que pudiera enfrascarse en un conjunto de confrontaciones. Preocupa a otros que tratara de aplicar un programa de corte maximalista. Preocupa a otros más que teniendo buenos proyectos pudiera verse boicoteado o eventualmente frenado por el Congreso de la Unión. De igual manera, está presente en la discusión el tema de las variables macroeconómicas, la estabilidad financiera y, en otro orden de cosas, la composición del gobierno.

Así, vale la pena ir bosquejando las líneas generales de un posible gobierno perredista en el periodo 2006-2012. Para empezar, habría que señalar que para la vocación de gobierno sería indispensable construir desde ahora una articulación política amplia que unifique al conjunto de la izquierda y que gane al centro político del país. Se trata de articular una alianza electoral que se convierta en mayoría y que después dé contenido y estabilidad a un proyecto de gobierno. Eso significa una coalición que vaya mucho más allá del PRD y que incluya numerosas expresiones progresistas del mundo político, social, civil, cultural y económico del país. Una coalición que tienda al gobierno tiene que trabajar para lograr estabilidad permanente.

En ese sentido, un posible gobierno perredista no debe entrar en conflictos con poderes tradicionales como el Ejército, la Iglesia, los medios electrónicos de comunicación y las cúpulas empresariales, entre otros. Tampoco debe meterse a una confrontación con los otros dos poderes del Estado: Poder Judicial y el Congreso de la Unión. Una situación de confrontación con los diversos factores de poder sólo llevaría a perder tiempo valioso para llevar a cabo el proyecto de gobierno.

En cuanto a la delicada cuestión financiera, evidentemente el nuevo gobierno tendría que cuidar los equilibrios macroeconómicos, la estabilidad de las variables financieras, las condiciones para atraer la inversión privada extranjera y la confianza general de los inversionistas.

Un tema particularmente especial es el que se refiere a la relación con Estados Unidos y la política exterior. En este caso es muy importante retomar principios fundamentales de política exterior que han ayudado a México en la delicada ubicación geopolítica que tiene. No tendría ningún sentido alimentar una confrontación con el gobierno estadunidense. En todo caso, es adecuado para México buscar una mejor relación con el vecino país del norte.

Ahora bien, la relación con él tiene su mejor apoyo en el equilibrio. De hecho, se requiere que México reconstruya los lazos con Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, y que pueda tender los puentes hacia Asía y Europa.

Entre las relaciones complejas que puede tener el gobierno estaría la relación con el Congreso de la Unión. Algunos observadores han comentado que es señaladamente difícil que el PRD pudiera llegar a tener mayoría legislativa.

Lo más probable es que se refrende un Congreso de equilibrios entre las diversas fuerzas políticas. Sin embargo, en el ejercicio de sus atribuciones, el Ejecutivo federal puede llevar a cabo la realización de su programa porque el cumplimiento de la mayoría de sus objetivos no pasa por el Congreso de la Unión. Por ejemplo, programas de austeridad, eficiencia fiscal, aplicación de programas sociales, nuevas relaciones exteriores, de seguridad pública, de procuración de justicia, entre otros, dependen centralmente de la acción del Ejecutivo.

Tomando en cuenta este conjunto de problemas, de contrapesos, de límites, un gobierno perredista tendría que valorar con mucha precisión sus prioridades y poner en el centro una prioridad que dé significado, que dé distinción a una forma de gobierno. Esa distinción es la política social. Lo que debe significar a un gobierno de izquierda en el mundo entero es su política social, es la búsqueda de niveles de bienestar de la población, la reconstrucción del Estado Social, la búsqueda de mayor equidad entre los diversos sectores de la sociedad.

Un gobierno del PRD no debe perder el tiempo en múltiples confrontaciones sobre temas secundarios, en peleas innecesarias, sino que debe medir con toda objetividad sus posibilidades, sus alcances, su base de apoyo, la correlación de fuerzas nacional e internacional, y sobre esa base concentrar su energía en la reconstrucción del Estado del bienestar social, con sus cuatro pilares fundamentales: empleo, pensiones, educación y salud.

Sin embargo, para lograr ese objetivo primero hay que trabajar con mucho talento y ganar la elección de julio de 2006.

 
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