Usted está aquí: jueves 31 de marzo de 2005 Opinión Noche árabe

Olga Harmony

Noche árabe

Aprovechando la presencia de dos muy importantes montajes alemanes -Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams en la irreverente interpretación de Franz Castorf y espléndida versión de Emilia Galeotti de G.E. Lessing realizada por Michael Talheimer- en el Festival Internacional Cervantino de 2003, el entonces coordinador de teatro del INBA, Enrique Singer en combinación con el Instituto Goethe realizó una semana de teatro alemán, con lecturas de obras de dramaturgos germanos y mesas redondas. En una de ellas, Bernard Wilms expuso -y más recientemente lo refrendó David Hevia- los apoyos que el Estado ofrece a los teatristas y el interés del público por las artes escénicas, lo que ha permitido el florecimiento de creadores que renuevan constantemente el quehacer teatral. Da mucha envidia, porque entre nosotros es una lucha constante que la aparición de nuevos valores, y la confirmación de los que ya están, obtengan el debido respaldo de las autoridades -que cada vez ven más mermados los recursos con que cuentan- y de un público muy azaroso. Sirvan estas líneas de dolido adiós a Jorge Kuri, quien tras el éxito internacional de De monstruos y prodigios, la historia de los castrati no logró (por lo menos era su queja la última vez que hablé con él) ver otro de sus textos llevados a escena.

Entre las lecturas dramatizadas de la semana de teatro alemán se dio Noche árabe de Roland Schimmelpfennig dirigida en teatro en atril por Mauricio García Lozano quién ahora la escenifica con el mismo reparto de la lectura. Hay que hacer hincapié que el grupo El farfullero de García Lozano se consolida cada vez más y gracias a la sensibilidad de Luis Mario Moncada inicia la modalidad de grupo residente del Centro Cultural Helénico, lo que le permitirá experimentar los lunes en La Gruta, durante un año, sus diferentes propuestas, algunas ya conocidas pero reinterpretadas en una radicalización de su quehacer. No hay que olvidar que el nombre del grupo deviene de la balsa de La capitana Gazpacho de Gerardo Mancebo del Castillo, su primer montaje. Una balsa: un tablado, símil de la austeridad asumida por García Lozano en su nueva etapa a la que denomina Laboratorio 2005.

Noche árabe resulta ideal para este proyecto, más que por su tema por la manera en que éste se realiza. La complejidad de la doble historia, una que se desenvuelve en un edificio de departamentos citadino, la otra la contaminación que algunos personajes sufren por los sueños de Franziska Dehker en la realidad que la joven acepta como verdadera y que la conduce un mundo árabe pleno de fantasías, pide multitud de escenarios. En principio, si se quisiera realismo, que no existe en el texto, esos sueños podrían deberse a que Franziska vive en el departamento de Fátima Manzur, que espera a su amante, árabe como ella, Kalil, en lo que podría ser una comedia de enredos, que tampoco lo es.

Roland Schimmelpfennig experimenta con la construcción dramática, al hacer que sus personajes expliquen sus movimientos y su entorno, en lo que en otro texto serían acotaciones, mezclando estas explicaciones, más narración que drama, cuando están solos, con los diálogos entre ellos las contadas veces que se encuentran. Esto permite que la escenificación de García Lozano -también responsable de la versión en español- prescinda de todo elemento escenográfico excepto una simple silla que será usada de diferentes maneras. Así, a la experimentación dada en el texto se añade una experimentación habida en el montaje, con los movimientos esenciales para la buena comprensión de la barroca historia en el espacio desnudo, y con el apoyo de la iluminación de Víctor Zapatero, el vestuario diseñado por Alejandra Ballina y la música en vivo de Mariano Cossa.

Tan difícil exploración de las posibilidades de un espacio no se podría haber logrado sin un elenco que lo apoyara con inteligencia y capacidad actoral, como es el aquí reunido. Miguel Flores, como el conserje Hans Lomeier, reprimido y austero, que cumple su fantasía en la ¿soñada? Arabia de las mil y una noches. Aída López, sensual y aterradora en su celosa Fátima Mansur. Carmen Mastache como la soñadora Franziska que sólo tiene presente lo que ocupa sus noches. Juan Carlos Vives, como el amante Jalil atrapado en la pesadilla de su virilidad y Carlos Corona, el ocioso fisgón Peter Karpati, reducido a un inepto genio de la botella.

 
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