Usted está aquí: jueves 31 de marzo de 2005 Opinión ¿Y el PRI por qué?

Sergio Zermeño

¿Y el PRI por qué?

Con mucha seguridad mañana se habrá cerrado otro capítulo en el asunto del desafuero: el PAN y Rebeca Godínez, del PRI, habrán emitido su voto a favor; el PRD, en contra, y tocará a Francisco Frías (segundo priísta), después de todas sus dudas y aparentes meditaciones, empatar la votación, con lo cual no habrá dictamen, y en ese momento se cerrará el proceso en la Cámara, de manera que toda la responsabilidad del asunto regresará al ámbito judicial y, en concreto, a la PGR.

Y es que parece obvio: si el voto de Francisco Frías fuera en favor, entonces el PRI cargaría con toda la responsabilidad de este bochornoso proceso y sus líderes, comenzando por Madrazo, no podrían pararse en ningún espacio público de manera espontánea, sino sólo en eventos altamente vigilados (para mantenernos en escenarios pacíficos). En efecto, uno se pregunta por qué los priístas, esos viejos marineros de retorcidos colmillos, tendrían que cargar con el abultado costo político que inevitablemente acarrearía esta chicanada; por qué van a fatigar hasta la ruptura la institucionalidad electoral y política, que es como su pecera; por qué le van a hacer ese favor desmedido a un foxipanismo que se quedaría a la expectativa mientras priístas y perredistas se sacan los ojos.

Por otra parte, para qué hacer pasar el asunto al pleno abriendo otro compás de desgaste contra el propio priísmo, contra cada uno de los diputados priístas, con nombre y apellido, y comenzar ahí, innecesariamente, una nueva pelea, ahora estelar, en contra del perredismo, bajo la mirada complaciente y serena de los blanquiazules; para qué meter al pleno en todo esto si a final de cuentas las decisiones van a ser las mismas que en la sección instructora, pero los costos más altos y también más grandes las posibilidades de que la directiva tricolor pierda el control sobre sus diputados y éstos comiencen a recibir propuestas irresistibles.

Es más fácil regresar la bola ardiendo a Rafael Macedo de la Concha y que lo ayuden a sostenerla Santiago Creel, como hombrecito, y junto a él, la pareja presidencial y Espino. Estos últimos tendrán entonces que consignar a López Obrador o desistirse con la cola entre las patas de sus dichos y acusaciones, ante la perspectiva de pagar un costo altísimo. Pero si se lanzan por la vía legaloide ilegítima de descalificar a la mala al perredista, entonces asistiremos a una pelea verdaderamente polarizada y a muerte entre la derecha y la izquierda, entre el PAN y el PRD.

No faltarán en ese momento los oscuros intereses que vean con agrado elevar un poco más la violencia, provocar el estruendo, hacer brotar la sangre ante una ciudadanía cada vez más angustiada. Para ese momento el PRI podrá estar viendo la batalla con mirada serena, complaciente y a la distancia; dejará que se alargue un buen rato la contienda y luego, como en una pesadilla que se repite, nos dirá que quienes verdaderamente han sabido gobernar son los priístas, que ellos representan la paz, que se encuentran listos, con los brazos abiertos, para acoger, con todo su amor, el voto del miedo.

El de este viernes no será un voto razonado -el voto de un legislador en la intimidad de su conciencia-, sino un voto altamente calculado por los antiguos marineros, un voto de conveniencia. Lo anterior parece tan obvio... pero lo cierto es también que en política las ambiciones personales son las grandes generadoras de sorpresas: eliminar desde ya al contrincante mejor colocado en las encuestas puede ser tentador, y entonces la voluntad del líder priísta, por sobre la razón y la experiencia, podría ejercer toda su fuerza sobre la sección instructora, y entonces veremos si el costillaje del navío priísta resiste la marejada en el centro de la tormenta.

 
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