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E C O N O M I A
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México D.F. Viernes 20 de agosto de 2004

ECONOMIA MORAL

Julio Boltvinik

La economía moral es convocada a existir como resistencia a la economía del "libre mercado": el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente

Pobreza, economía y ética

Disuelta, la dicotomía hechos/valores

Describir y valorar, interdependientes

CON FRECUENCIA, CIENTIFICOS sociales, dependientes en sus concepciones sobre su propio quehacer del modelo de ciencia determinado por las ciencias naturales, sobre todo la física, e influidos por las visiones dominantes de la filosofía de la ciencia, resisten la introducción de cualquier valoración, de cualquier valor, en el estudio de la sociedad y de los seres humanos. En mi opinión, la valoración de la vida humana es condición sine qua non de todo sentido al estudio y reflexión sobre los seres humanos. Si no valoramos la vida humana, y si no podemos lograr acuerdo en ese punto esencial de partida, no podemos discutir nada más sobre los seres humanos que sea importante. En particular, no tiene sentido discutir sobre necesidades humanas, pobreza, nivel de vida, desarrollo. El punto de partida, el primer principio, es que la vida humana es valiosa, de lo cual se deriva que todo aquello que la impulsa es valioso y que lo que la limita o destruye no lo es.1 La salud propicia la vida y la enfermedad la destruye. Por tanto, hasta donde permite el avance de los conocimientos, lo que beneficia la salud de los seres humanos es valioso. Una persona atacada corre o se defiende tratando de conservar su vida. Instintivamente, la vida se defiende, busca conservarse. Los hechos coinciden con el valor que hemos postulado como el requisito de toda discusión y todo diálogo sobre las ciencias sociales y la filosofía.

A MIS ALUMNOS, o en conferencias, suelo decir que cuando decimos que una familia es pobre, estamos haciendo una comparación entre la situación de esa familia y un patrón de referencia o norma. Que si decimos que es pobre es porque carece de algunos elementos que están contenidos en el patrón de referencia. Por ejemplo, si vemos que su vivienda es de materiales precarios y piso de tierra y decimos que esa familia es pobre, es porque en el patrón de referencia que nos sirve para comparar (que pueden ser las viviendas de los no pobres o un patrón ideal de vivienda) los materiales son sólidos y los pisos son de cemento o de mosaico o similar. La inevitabilidad de ese patrón de referencia es lo que hace del estudio de la pobreza una mezcla entre lo normativo (los valores) y lo observado (los hechos). También sostengo que ante esta realidad hay dos reacciones usuales. Una es la adoptada por la mayoría de los economistas. Por ejemplo, Mollie Orshansky, la mujer que diseñó el método oficial vigente de medición de la pobreza en Estados Unidos, escribió en 1969 que "la pobreza, como la belleza, está en el ojo de quien la percibe". Esta es también la reacción del Banco Mundial. Por ejemplo, en un libro de los años 90 de esta institución sobre la pobreza y la distribución del ingreso en América Latina, se afirma: "cualquier punto de corte reflejará algún grado de arbitrariedad debido a la manera subjetiva en que la pobreza se define". De acuerdo con estos puntos de vista, el concepto de pobreza sería un juicio de valor individual. El otro punto de vista se puede ejemplificar con la postura de Amartya Sen en su libro Poverty and Famines (Pobreza y hambrunas), que argumenta en contra de esta visión subjetiva de la pobreza, considera que lo que los investigadores hacen es describir las prescripciones sociales existentes (normas o estándares), implicando, por tanto, que estas prescripciones o normas tienen una existencia social objetiva y pueden ser observadas y descritas por el científico social.

EN LA FILOSOFIA de la ciencia hay una fuerte discusión sobre la supuesta dicotomía entre hechos y valores. Hilary Putnam, profesor emérito de filosofía en la Universidad de Harvard, publicó recientemente un libro2 en el que explica que distinguir entre hechos y valores puede ser útil en algunas ocasiones, pero la posibilidad de distinguir una clase de "juicios de valor" no tiene implicaciones por sí misma sobre si tales valores pueden o no ser verdaderos o falsos, justificados o injustificados, sobre si tienen o no contenido descriptivo. Pero cuando la distinción se vuelve dicotomía se suele ver acompañada por un conjunto contencioso (discutible) de enunciados metafísicos (basados en principios fundamentales). En su forma actual, la dicotomía sostiene que hay dos tipos de juicios: los que tienen y los que no tienen sentido cognitivo (es decir, que pueden ser parte o no de un argumento racional). Los juicios con sentido cognitivo se dividen en dos: las tautologías (donde incluyen la matemática) y las descripciones de hechos. La idea que "los juicios de valor" son subjetivos, y que no puede haber argumento razonado sobre los valores ha tenido gran influencia, como la ha tenido la pregunta: "Ƒes eso un hecho o un juicio de valor?"

LOS ARGUMENTOS EN favor de la dicotomía se apoyaron todos en la naturaleza de los hechos, pero estos argumentos colapsaron cuando resultó claro lo totalmente inadecuada que es la visión del lenguaje que sostiene que ningún término puede ser tanto un hecho como estar cargado de valor, y cuando se hizo evidente que una parte muy importante de nuestro vocabulario descriptivo está y debe estar embrollado (es decir, formado por términos que expresan valores y hechos). Este tipo de términos los llama Putnam términos éticos gruesos. Ejemplos de ellos son "cruel", "crimen", "bravo", "generoso", "elegante" (y como veremos, "pobreza").

CUANDO PUTNAM SOSTIENE que la descripción factual y la valoración deben estar embrolladas, derrota las críticas frecuentes que descalifican un discurso científico porque incorpora valores. Trae a colación que para los filósofos pragmáticos, como Dewey, los valores y la normatividad permean toda experiencia. En la filosofía de la ciencia -sostiene Putnam- este punto de vista implica que los juicios normativos son esenciales para la práctica misma de la ciencia.

LOS DEFENSORES DE la dicotomía hechos/valores, en su argumento más sofisticado, sostuvieron que los términos éticos gruesos se descomponen en un elemento descriptivo y otro prescriptivo, pero ésta fue una defensa fallida porque la habilidad de hacer un uso matizado y sofisticado de estos términos, depende precisamente de ser capaz de adoptar un punto de vista evaluativo. La "valuación" y la "descripción" son interdependientes, lo que nunca vieron los positivistas y otros de su ralea.

EN OTRA PARTE del libro, Putnam emite la siguiente sentencia de muerte sobre la dicotomía hechos/valores:

Forzar todos los términos descriptivos que empleamos en nuestro discurso cotidiano a uno u otro lado de la dicotomía 'término observacional' o "término teórico" es forzarlos a una cama de Procusto [ladrón de la mitología griega que estiraba o cortaba a los viajeros para ajustarlos al tamaño de una cama]. La dicotomía del positivismo lógico hechos/valores fue defendida sobre la base de una imagen cientificista estrecha de lo que un "hecho" puede ser. La toma de conciencia de que una parte tan importante de nuestro lenguaje descriptivo está constituida de contraejemplos de ambas visiones del reino de los hechos (la del empirismo clásico y la del positivismo lógico), debería sacudir la confianza de cualquiera que suponga que hay una noción de hechos que contrasta clara y absolutamente con la noción de "valores" que supuestamente se invoca cuando se habla de la naturaleza de todos los "juicios de valor". (p. 26)

PUTNAM REFUTA LA idea de que la descripción correcta del mundo es lo mismo que objetividad. Esta asociación se debe a que se concibe objetividad como correspondencia con los objetos. Pero tanto verdades normativas (por ejemplo, el "asesinato está mal"), como verdades matemáticas y lógicas, son contraejemplos de esta concepción, ya que son ejemplos de objetividad sin objetos. Por tanto, concluye Putnam, es tiempo que dejemos de identificar objetividad con descripción. La descripción no es la única función del lenguaje, ni la única función a la que se le pueden aplicar preguntas sobre si está o no justificada, si es o no es racional, una cierta manera de realizar dicha función.

EL EMBROLLO DE hechos y valores involucra los valores éticos, estéticos y de cualquier otro tipo. El embrollo queda claro en palabras como "cruel", que "ignora la supuesta dicotomía entre hechos y valores y alegremente permite ser usado a veces para un fin normativo y otras como un término descriptivo. Lo mismo ocurre con la palabra 'crimen'". Que este tipo de conceptos éticos gruesos constituyen contraejemplos de la dicotomía absoluta hechos/valores es algo conocido desde hace mucho. Putnam deja claro que lo que "es característico tanto de descripciones negativas como 'cruel' como de descripciones positivas como 'bravo' o 'justo' es que para usarlas con alguna discriminación, uno tiene que ser capaz de identificarse con imaginación con un punto de vista evaluativo. Por eso es que es siempre posible mejorar nuestro entendimiento de conceptos como 'impertinencia' o 'crueldad'. Es decir, que incluso en el uso descriptivo, estos conceptos dependen de la evaluación". (pp. 39-40)

LA DICOTOMIA HECHOS/VALORES (de una manera violenta en la que la dimensión ética fue considerada como cuestión de tu sangre o la mía) penetró en la economía neoclásica después de 1932, con una pauperización consecuente de la capacidad de la economía del bienestar para evaluar lo que se supone debe evaluar, el bienestar económico. El enfoque de las capacidades de Amartya Sen es un intento para enriquecer la capacidad evaluativa de la economía del bienestar y del desarrollo. El enfoque de Sen requiere que usemos un vocabulario formado enteramente por términos embrollados, en los que no se pueden separar su parte descriptiva y su parte evaluativa. Prácticamente cada uno de los términos que Sen, sus colegas y seguidores usan cuando hablan del enfoque de capacidades -funcionamientos valiosos, bien nutrido, mortalidad prematura, autorrespeto, capacidad de participar en al vida de la comunidad- son embrollados, es decir, son "términos éticos gruesos". El punto de vista de Sen (según Putnam) es que la valuación y el discernimiento de los hechos son actividades interdependientes. En pocas palabras, el economista del bienestar serio tiene que conocer seriamente lo mejor de la discusión ética contemporánea. Pero no es sólo que los conceptos embrollados estén presentes por necesidad en las evaluaciones; en la medida en la cual las motivaciones de las personas se ven influidas significativamente por su razonamiento ético, necesitaremos dar cuenta de -y usar descriptivamente- una variedad de conceptos éticos gruesos en la descripción de la conducta económica pertinente.

LOS ECONOMISTAS DEFENSORES de la dicotomía han invadido, paradójicamente, el campo de estudio de la pobreza, término ético grueso como ninguno, y lo han llenado de extrañas contradicciones. Como suponen que en materia de valores no puede haber nada racional, no han tomado en serio la definición del umbral de pobreza, tarea cargada de valores, facilitando así la tarea al Banco Mundial y a otros minimalistas que buscan reducir la pobreza medida al mínimo posible. Enemigos de los juicios de valor se mueven de manera muy incómoda en el campo del estudio de la pobreza y lo han empobrecido de la misma manera en la cual Putnam describe que empobrecieron el de la economía del bienestar.

1 Cuándo comienza la vida humana es otra cuestión, de tal manera que lo escrito en el texto no es un aval a los antiabortistas que creen que la vida humana comienza cuando el espermatozoide penetra el óvulo y se forma el embrión. El embrión en desarrollo en el vientre materno está en el proceso de convertirse en vida humana y, por tanto, no es todavía una vida humana. El momento en que ya constituye una vida humana es un asunto polémico, pero ciertamente no es antes de las 16 o 20 semanas del embarazo.

2 Hilary Putnam, The Collapse of the Fact Value Dichotomy and Other Essays, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2002. En lo que sigue tomo libremente de este libro, particularmente de las páginas 60 a 64.

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