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México D.F. Viernes 23 de enero de 2004

ASTILLERO

Julio Hernández López

Las Nicoaventuras

Conjuras y organigramas
Gangsterismos varios

AYER, LA TOTALIDAD de la conferencia matutina del jefe de Gobierno capitalino se refirió al caso del pejechofer muy bien pagado. No hubo una sola pregunta que se enfilara hacia otro asunto: Nicolás Mollinedo, sus parientes en nómina, las funciones de seguridad que desempeña, los equívocos de los funcionarios chilangos para explicar o describir las responsabilidades del coordinador de logística y, desde luego, las incongruencias entre las promesas y la realidad. La polémica ha llegado a diversas tribunas legislativas y está en el centro del debate político, pero Andrés Manuel López Obrador sigue montado en su peje: cree, y a partir de ello ha tejido su defensa, que la casi unánime atención al expediente Mollinedo proviene de una orquestación política en su contra que desea reducir sus márgenes de popularidad. A su ver, los medios de comunicación estarían hoy hurgando en el tema no por motivaciones profesionales ni en cumplimiento estricto de sus funciones, sino moviendo el agua para generar turbulencias favorables a ciertos intereses electorales. Se equivoca el tabasqueño en esa percepción (salvo en casos, como él dice, de un diario innombrable o cuando menos emparentado políticamente con el ex presidente innombrable, y de otros pocos medios comprometidos con esa misma línea), y pierde de vista que el interés generado por el caso del superpejechofer proviene no sólo de las expectativas presidenciales que con su voluntad o contra ella se han generado, sino, sobre todo, en relación con las altas ofertas políticas que ha presentado a la sociedad y que, le lleven o no a candidatura posterior, hacen que todo acto contrario a esa percepción de indestructible honestidad se conviertan en hecho noticioso obligado y en materia de análisis y discusión políticas.

NO ES, sin embargo, el único error de fondo que está cometiendo el gobierno del Distrito Federal en el caso Mollinedo. Aparte de insistir sin éxito en convencer a todo mundo del papel estratégico esencial que desarrollaría el ya famoso Nicolás (y de empantanarse en explicaciones técnicas y procesales, como si el organigrama fuese un instrumento político adecuado para dirimir controversias políticas e ideológicas), tanto Andrés Manuel López Obrador como sus funcionarios más cercanos, y varios políticos anexos, han insistido en una tesis decepcionante: hay peores casos de irregularidades o corrupción, y los sueldos pagados a la gente de Andrés Manuel no son nada comparados con los que se ganaban en el pasado o los que hoy en otras administraciones se otorgan. En ambas tesis tienen razón irrefutable. No sólo eso: de hecho, nadie acusa a Aguila 1 o a Aguila 2, ni al resto de la plantilla de primer nivel del gobierno capitalino, de cometer actos de corrupción. Pero en esa aparentemente infalible defensa hay un hueco evidente. Cierto: otros, en otros tiempos, u otros, en los actuales, hacían o hacen lo que a López Obrador se le critica. Pero justamente por ser diferentes a esos "otros", por haber prometido rebajas de sueldos y austeridad estricta, es por lo que hoy se ha convertido en hecho relevante, preocupante, el caso de Nico. Lo que ha generado tanto revuelo, pero en Pejelandia no quieren entender, es que la retórica de la austeridad impuesta ha sido pillada en falta, y que por más rollo burocrático que suelten el jefe Aguila tropical, o la contralora controlada o el oficial mayor, obvia y naturalmente oficialista, no hay explicación política satisfactoria (aunque la tenga en términos legales, conforme a manuales administrativos) para el caso del coordinador de logística, quien en sus ratos libres copetea sus obligaciones laborales haciéndola de chufa.

PERO, MIENTRAS los ojos siguen puestos en las Aguilas del gobierno capitalino, otros asuntos de verdadera gravedad se deslizan por el escenario tratando de no hacer ruido. Víctor Flores, auténtico gángster del sindicalismo, fue electo ayer por dos años presidente del Congreso del Trabajo. Flores, quien permitió el saqueo de la riqueza nacional mediante aquella privatización ferroviaria zedillista, y que condenó al desempleo y la miseria a miles de trabajadores que fueron despojados de antigüedad y derechos laborales, e incluso propiedades colectivas (como los centros deportivos y sociales del sindicato rielero), ahora reaparece en la cúpula del citado Congreso del Trabajo.

EN MORELOS, por su parte, una juez ha dictado formal prisión contra 20 habitantes de Tlalnepantla que habían sido detenidos la semana pasada. La decisión judicial se da en momentos en que desde el gobierno federal panista se llama al diálogo y a la prudencia al gobernador de Morelos, Sergio Estrada Cajigal, y mientras éste se defiende de la "injerencia" de esos funcionarios federales, que son sus compañeros de partido, pretendiendo así el autor de las famosas Checoaventuras mantener el control político en la entidad que se le ha ido de las manos debido a sus frivolidades e irresponsabilidad, características éstas que le han llevado en otras ocasiones a actuar represivamente contra movimientos sociales y políticos. El acoso policiaco contra habitantes de Tlalnepantla ha provocado incluso un virtual exilio en comunidades aledañas de pobladores amedrentados.

LA SOMBRA del narcotráfico metido en las filas policiacas y militares se extiende por todo el país. Dos miembros de la Agencia Federal de Investigaciones (la AFI saneadísima, limpísima, según optimismos presidenciales) y un capitán del Ejército fueron asesinados en días pasados en la carretera México-Toluca, y las primeras indagaciones sugieren que los tres muertos habrían estado enredados con una banda de narcotraficantes a la que daban protección, por lo cual otro grupo rival los habría castigado. En Tijuana, ayer, alguien que había sido subprocurador de Justicia de Baja California fue también asesinado, mientras en Mexicali los mandatarios pertenecientes a la Conago retardaban el inicio de una reunión en tanto expertos en explosivos revisaban el lugar de la reunión.

Y, MIENTRAS UNO se imagina cuántos trajes Chanel, o accesorios Gucci o Louis Vuitton, o trajes de marca o botas de piel rara pueden ser comprados con el medio millón de pesos diarios que la pareja presidencial tiene a su disposición para gastos de protocolo, šhasta el lunes!

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