LETRA S
Julio 3 de 2003

Semen ¡ops!, eyaculación retrógrada


 

ls-peneAlfonso Medina


Aun para los no muy versados, parece obvio que hay muchas maneras de eyacular: con fuerza, despacito, por chorros, en gotitas, lejos, etcétera. Si tuviéramos que hacer un recuento de todas, es muy probable que no se nos ocurra incluir a la eyaculación retrógrada, aquella que se refiere al lanzamiento del semen en sentido contrario; es decir, en lugar de proyectarlo al exterior, el semen termina en la vejiga urinaria. Este fenómeno tiene otros nombres; algunos son retroeyaculación, retroespermatismo e intrayaculación. El contexto donde seguramente se menciona con más frecuencia es el médico, ya que también sucede como consecuencia de alguna afección de la uretra, cirugía de la próstata, diabetes, paraplejia o algún trauma físico o síquico. Desde esta perspectiva, el retroespermatismo no es más que un padecimiento causado por la insuficiencia del esfínter de la vejiga urinaria. Y, ciertamente, si alguien está forzado a vivir con esta condición, tendrá que considerarse una patología.

Pero no siempre es un padecimiento. Según The Wordsworth Dictionary of Sex (1994) y el Lexikon der Humansexuologie (Berlín, 1990), los antiguos sajones recurrían a la eyaculación retrógrada como método anticonceptivo: en el acto sexual, cualquiera de los participantes apretaba la base del pene inmediatamente antes del orgasmo causando que, al momento de eyacular, el semen fluyera en sentido contrario. Los resultados de este difícil arte como método anticonceptivo eran sin duda muy pobres, pero era tan característico de este pueblo que por mucho tiempo se le ha conocido como coitus saxonicus.

En el contexto de la búsqueda de orgasmos múltiples masculinos (véase por ejemplo El hombre multiorgásmico de Chia y Arava, traductor. M. Iribarren, 2000), en el que el estupor posteyaculatorio impide orgasmos adicionales, la eyaculación retrógrada suele ser uno de los destinos del semen. El objetivo principal de esa búsqueda es mostrar, mediante diversas técnicas taoístas, que el orgasmo y la eyaculación no son lo mismo; y, de hecho, que el primero es posible sin que ocurra la segunda. De allí que dichas técnicas sirvan para lograr varios orgasmos sin eyacular o antes de la eyaculación ordinaria (plaisir sec). El caso es que su aplicación a menudo resulta en una retroeyaculación.

Además de las diversas interpretaciones del taoísmo, otras tradiciones le confieren alguna importancia, ya sea negativa o positiva, a las prácticas sexuales basadas en la retención del semen. No es extraño que varias culturas tengan alguna manera de referirse a ella. De acuerdo con The Encyclopedia of Erotic Wisdom (Rochester, Vermont, 1991), de la tradición árabe se originan las técnicas imsak para prolongar la erección, y de la católica nos llega el término amplexus reservatus para referirse al ejercicio de la sexualidad entre dos personas sin que haya eyaculación (cosa por demás muy aborrecida en esa religión).

Lo cierto es que hay una variedad de actitudes con respecto a los actos de eyacular, retroeyacular o retener el semen (no eyacular): si para los seguidores del taoísmo lo importante es tener mucho sexo sin eyacular, para los herederos del judeocristianismo las tres posibilidades son inaceptables en casi todas las situaciones en que se lleve a cabo un acto sexual.

Pero como bien sabemos, las doctrinas son unas y los hechos son otros, incluso entre los seguidores de las tradiciones orientales. Lo curioso es que, por la diversidad de interpretaciones y la variedad de nuevas versiones de estas tradiciones (que nos llegan casi siempre en forma de libros pensados para los mercados new age y de autoayuda de Estados Unidos), desde este rincón del mundo no se ve muy clara la diferencia entre un orgasmo seco sin eyacular y uno con eyaculación retrógrada. No es extraño que practicantes mexicanos de las técnicas de retención de semen digan que la retroeyaculación es el objetivo primordial del acto sexual taoísta, cosa que no encuentro corroborada en ninguno de los textos que sobre el tema tengo a mi disposición.

De todas maneras la pureza doctrinal no parece tan interesante como el hecho mismo de practicar la obtención de orgasmos antes de eyacular. Este difícil arte muy bien puede ser la causa de que la eyaculación retrógrada sea más común de lo esperado. Y todo sin que los que la experimentan lo sepan. Parece ser que la mejor manera de averiguar si ha ocurrido una retroeyaculación después de perder la erección al cabo de un orgasmo seco es examinar la orina. Si alguna vez se encuentra en esa situación, podrá despejar sus dudas con una mirada: si la orina está turbia, seguramente contiene semen.