Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 13 de enero de 2003
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Cultura

Hermann Bellinghausen

Por sus pies los conocerás

Como película corrida en reversa, una parvada de pardos gorriones vuela a las ramas un ciruelo pelón. Hojas secas arrebatadas por el viento que retornan: ilusión óptica.

Desde su barandal en la ladera, Fortino martillea un tacón sin mirar los clavos ni fallar un golpe, y se da tiempo para un vistazo al paisaje y dirigirme luego una mirada inquisitiva.

-Has de saber que los zapateros somos a veces filósofos.

-Sé.

-No creas que porque nuestra profesión es mecánica y eso nos diera tiempo de llenar de ideas ociosas la cabeza.

-Despreocúpese, le creo.

-ƑVe los gorriones? -señala con el martillo en dirección a un ciruelo que brota entre los tejados, territorio de la pequeña ciudad ocupado por gatos y palomas. (Aunque en el techo de mi casa lo que tengo de inquilino es un tejón huraño y correlón).

-Los veo -digo. Le satisface mi dicho:

-Entonces podemos hablar. Primero pensé que usted era uno de esos idiotas que no se fijan en nada. Me alegra equivocarme. ƑFuma?

Me extiende una caja de cartón con puros veracruzanos. ƑLujo de zapatero? Acepto, por no dejar. Con un cerillo de madera enciende mi puro.

-Son de mi tierra. Hago años de no ir. Mi hermana los sigue mandando.

Saca de la horma de madera la bota que entaconaba, y coloca el par para repetir la operación. Se llena la boca de pequeños clavos, de entre sus labios apretados extrae uno por uno y lo martillea. Coloca la suela nueva, luego el tacón. No le falta ni le sobra un sólo clavo. Para mi asombro, habla y bien con la boca llena. De clavos.

-En mis tiempos los zapateros no iban a la escuela. Dos hijos que tengo ya van a la universidad. Pero de chamaco aprendí con mi máistro, un refugiado catalán, que los zapateros pueden leer y saber. ƑTiene frío?

Los dispersos me intrigan, tal vez porque a mi vez soy bastante disperso. Algunos me desesperan, y comprendo cuánto puedo impacientar a la gente.

Los dedos de Fortino son gruesos, duros, como si un callo uniforme los enguantara. Agiles.

-Las botas ya estuvieron, pero no ha terminado usted su puro.

-Como usted ordene- replico.

Emite un gruñido de la garganta, burlándose de mi ironía. Hace a un lado mis botas. Llevo rato descalzo, y en las montañas frías eso produce cierto desamparo y sensación de desnudez. Me las pongo. Además, en el taller de Fortino imperan las aristas y los clavos regados.

-Necesita cambiar agujetas. Estas tienen la medida.

Imperioso como en todo lo que hace, me extiende un paquetito de celofán. Sigue un lento proceso de desempacar, desenrollar y extender sobre un muslo las agujetas; destripo las botas de las viejas y raídas, ensarto las nuevas, las ato, etc. Durante ese tiempo, Fortino habla.

-Los pies son tan importantes para conocer a las personas como las manos, los ojos o la boca. Nosotros los zapateros tenemos experiencia en el alma humana. Y bueno, digo alma por concesión; no creo esas cosas. Nuestro trabajo es que los clientes puedan caminar a gusto. Tenemos la obligación de interpretar la felicidad de sus pasos.

Fortino debe ser un buen hombre, pienso. Un amigo mío decía hace poco que los zapateros, como los cocineros, necesariamente son buenas personas. Estoy a punto de decirlo cuando él:

-Por mi edad, podría retirarme, pero los zapateros vivimos al día. Además, me aburriría. Nomás falta que mis hijos tengan que mantenerme. Primero muerto.

-ƑDe plano? -digo, preguntándome si no será al contrario. Ya muerto, nadie lo va a mantener. Los gorriones abandonan el ciruelo y vuelven a desnudar la ausencia de follaje. Termino el moño de una bota y procedo con la segunda.

-Usted no usa mocasines. ƑNo son su tipo? Debieran. Se camina bien con ellos. Se ve que le gusta caminar.

-A eso me dedico.

-ƑPues qué es usted? ƑCartero, barrendero?

Ignorando su sarcasmo, respondo. Y dice:

-Con razón. Eso me parecieron sus botas. Caminadas. En mi trabajo uno conoce los pies de la gente sin conocerlos. Es como identificar una estatua por el molde.

-ƑLe importa si apunto esa frase?

-Son cincuenta pesos, con todo y agujetas -sonríe, halagado y modesto.

Aun sin el puro le hubiera pagado el doble. Pero no acepta un peso más.

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