Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 20 de julio de 2002
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Espectáculos
Tocó la batería durante 36 horas

A baquetazos, Zavala rompe récord Guinness

ARTURO CRUZ BARCENAS

A las 9:59 horas de ayer, el nombre del mexicano Fernando Zavala González quedó inscrito en el libro de los Récord Guinness, al romper el tiempo establecido por el canadiense Steven Darvill, en 2001, quien había tocado 36 horas seguidas su batería. El mexicano tocaba Intento escaparme de ti y El rock de la noche de verano; a caballo entre una y otra, superó la prueba.

Sus amigos contaron: "10, nueve, ocho... tres, dos, uno, ¡cero!" Luego exclamaron: "¡Sí se pudo!", "¡Adiós al canadiense!" Fer, como le dicen, tenía brillantes los párpados; quería seguir, hacer imposible que le arrebaten algún día esta marca que lo saca de la clandestinidad. Su esposa, Dulce Hurtado, lo abrazaba feliz. Fernando le dedicó el esfuerzo: "fue mi regalo de aniversario de bodas".

Todavía tocó dos horas más, hasta completar 38. Quería seguir, pero los médicos y sus papás -"preocupones", les dijo- le pidieron que sólo completara las 38. Ya su traje de palomo, con el que inició la prueba, estaba quién sabe dónde. Ayer vestía pants, sandalias tipo huarache y una sudadera.

A sus pies yacían las botellas vacías del complemento alimenticio, yogures, agua y otros líquidos, así como gelatinas. Por momentos, a eso de las ocho de la mañana, flaqueba. "¡Echale huevos!", le decía una señora en una cartulina. "¡Ese pinche canadiense tenía 41 años cuando estableció el récord; tú tienes 31, Fer, échale huevos!", le gritaban.

Y se soltó con las de Maná, José José, Caifanes... hasta sumar 550 rolas. A cinco minutos de acabar su larga jornada, a las 11:55, habló mientras tocaba su intrumento: "Estoy alegre; hay cansancio, sí, pasé calambres, pero se olvida uno de todo. Me dieron masajes.

"Mi esposa está feliz. Nuestro primer aniversario fue esta semana. Me ayudaron 34 personas, mis amigos; les doy las gracias."

Y se fue a descansar. Hoy y mañana volverá a trabajar en uno de los dos salones Centenario de Azcapotzalco, donde cada semana toca su bataca para ganarse la vida.

Ahora tratará de organizar un evento en el que mil bateristas toquen a la vez en la plancha del Zócalo capitalino.

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