Lunes en la Ciencia, 17 de junio de 2002


Rufino Tamayo y la tecnología espacial

Norma Avila Jiménez

muchos terrícolas nos emociona seguir la información acerca de la actual construcción de la Estación Espacial Internacional, en la que se realizarán experimentos científicos y el hombre aprenderá a vivir largo tiempo sin la fuerza de la gravedad terrestre, además de que será una plataforma para los futuros viajes a Marte, entre otras acciones. Este hecho, como todos lo que acontecen en el mundo, de alguna manera será asimilado por ciertos artistas, quienes lo proyectarán por medio de la pintura, las partituras, los videos, las letras o los movimientos corpóreos. Porque el cosmos fascina y produce terror, impresiona y encanta, y desde siempre ha atrapado a espíritus sensibles.

Un ejemplo claro está plasmado en parte de la obra del maestro oaxaqueño Rufino Tamayo (1899-1991), cuya pincelada no pudo escapar del avance de la era espacial y la evolución tecnológica que implicaba. Esta atención del artista hacia la tecnología espacial comenzó durante su segunda estancia en Nueva York (de 1938 a 1948), a finales de la Segunda Guerra Mundial, ya que con horror se dio cuenta de que la ciencia podía ser utilizada para provocar la destrucción de la humanidad, o ser dirigida, entre otras acciones, en beneficio del hombre, a escudriñar el Universo. En Terror cósmico (1954) Tamayo proyectó ese temor ante un espacio sideral que aparecía inconmensurable al ser observado con ayuda de los grandes telescopios de ese entonces, y ante el desarrollo de un progreso que podría ser utilizado de forma errónea.

El lanzamiento del satélite Sputnik I en 1957 por la antes Unión Soviética y la apertura de la NASA en 1958 asimismo marcaron al pintor. "Es incidentalmente un hecho interesante que Tamayo fuera uno del grupo especial de seis artistas de reputación internacional que fue invitado para hacer un viaje especial a la NASA, no para registrar sus observaciones en pinturas o dibujos, sino para conocer a científicos y discutir con ellos la relación entre la ciencia y el arte desde un nivel teórico. Marcel Duchamp, curiosamente, estuvo entre ellos". Esto lo subrayó la crítica de arte estadunidense Emily Genauer en su libro Rufino Tamayo, dato que no ha sido tomado muy en cuenta por los estudiosos de la obra de este artista y que de alguna manera fue reflejado en la década de los 70 del siglo pasado. La llegada del hombre a la Luna también se convirtió en un detonante creativo.

En una entrevista realizada por María Luisa Mendoza en 1970 para el suplemento dominical El Gallo Ilustrado del periódico El Día, Tamayo habló de ese viaje a la figura selenita, pero también enfatizó su temor ante una tecnología deshumanizada: "El hombre inventó la máquina hace mucho, hoy está siendo desplazado por el aparato ųviajes a galaxiala Luna, computadorasų. La lucha es que el aparato no lo domine."

La angustia y la impresión que Tamayo sentía ante el veloz ritmo del progreso fue transfigurada por el pincel y el color en hombres-cohete, hombres-nave, hombres-máquina, hombres-aparato, hombres-robot, hombres terrícolas-extraterrestres. Plasmó la velocidad de escape y la energía propulsora, el casco espacial y el traje para saludar al cosmos. Ejemplos claros, Hombre en el espacio, Hombres en el espacio y Dos mujeres en el espacio, las tres, de 1970, obras en las que los cuerpos humanos han mutado a naves o cohetes, se internan en el cosmos impulsados por esa potencia que avienta colas de fuego. Hombre en el espacio claramente es un astronauta-vehículo espacial con su casco a través del cual asoma un rostro casi radiante de alegría

En Dos mujeres en el espacio el color rojo con estrías negras alrededor de la primer mujer-cohete origina la sensación de escuchar el atronador sonido del despegue. En esos lienzos los seres no manejan la máquina, se funden en ella misma. En su pieza Figuras, también de 1970, dos personajes son revelados como seres futuristas. Sus espaldas cargan lo que parecen ser equipos para la exploración espacial, para pisar lo aún no pisado por el vulgo. La combinación azul-rosa refleja la tranquilidad de quien enfrenta y acepta la revolución tecnológica bien dirigida y la evolución biológica que está por darse debido a la permanencia en estado de ingravidez.

"En el mundo se estableció una competencia entre el hombre y la máquina. Ahora los hombres y las máquinas son dirigidos por computadoras. Los vuelos espaciales, por ejemplo, son controlados en todos sus detalles por computadoras. Pero los hombres no son robots; ese es el problema. Y sin embargo, ahora los hombres son un poco como aparatos, y digo aparatos y no máquinas porque vivimos la era de la electrónica, de la cibernética, lo mecánico ha quedado atrás y hablar de máquinas sería hablar de mecánica", subrayó Tamayo en una entrevista para la revista Visión en 1971, año en que pintó dos versiones más de Hombres en el espacio. En ésta ya son más material que ser, ya es difícil distinguir su forma humana; la física clásica y cuántica y la ingeniería aeronáutica los mimetizan.

En Rufino Tamayo se fundió el arte con la ciencia y el deseo de un mundo más humanizado como lo citó durante su entrada al Colegio Nacional en mayo de 1991, un mes antes de su fallecimiento: "Hoy nuestros mismos inventos (...) son los brazos de la irracionalidad (...) ƑDónde encontrar, entonces, el sustento de una humanización tan necesaria? El hombre cuenta con muchos terrenos donde explorar. El arte es uno de ellos."

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