Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 7 de mayo de 2002
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Política

Luis Hernández Navarro

Información obrera

La abolición por decreto de la lucha de clases que proclamara este primero de mayo el secretario del Trabajo, Carlos Abascal, quien considera que los empresarios son también trabajadores, pareció hacerse realidad en el acto oficial del Día del Trabajo. Allí, en santa alianza, participó, codo a codo, junto a los dirigentes sindicales oficiales, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Claudio X. González.

Mientras tanto, a unos cuantos kilómetros de distancia, en el corazón de la ciudad de México, la realidad, terca como es, desbarató los sueños de paz social del piadoso funcionario. Miles de trabajadores tomaron las calles para repudiar las reformas a las leyes laborales anunciadas por el gobierno.

Y es que para los obreros mexicanos los 17 meses de la administración de Vicente Fox están lejos de ser el paraíso prometido. Según datos del INEGI, durante el primer año y medio dejaron de estar asegurados en el IMSS más de 720 mil personas de la industria de la transformación, la extractiva y de la construcción, o sea, dejaron de trabajar. Tan sólo en el sector maquilador de exportación se perdieron más de 270 mil empleos.

En las negociaciones de contratos colectivos, efectuadas a lo largo del primer año del nuevo gobierno, hubo cierta libertad para acordar incrementos salariales, lo que provocó una recuperación relativa de los salarios. Sin embargo, durante noviembre y diciembre de 2001 la presión de la Secretaría de Hacienda acabó con ese pequeño margen de negociación. Desde entonces se ha impuesto la línea dura en las revisiones salariales.

Durante el gobierno de Fox se han producido graves retrocesos en los derechos de asociación y de huelga. A raíz de la solicitud de un grupo de futbolistas para formar un sindicato en el nivel federal, la Secretaría del Trabajo se definió incompetente para reconocer registros nacionales locales; debido a esta resolución los trabajadores más desprotegidos no pueden acceder al instrumento más avanzado en la defensa de sus derechos laborales. El derecho de huelga quedó severamente afectado cuando, en el caso de la empresa Euzkadi, dictaminó que una empresa puede cerrar, aunque esto sea ilegal, y que sus trabajadores no pueden estallar una huelga para proteger sus derechos porque ya no hay labores que desempeñar.

Mientras tanto se prepara una ofensiva contra los sindicatos universitarios. Según el titular de la SEP uno de los principales problemas que enfrentan las instituciones de educación superior son los contratos colectivos de trabajo vigentes, que son económicamente insostenibles.

La libertad de asociación sindical se mantiene en la nueva administración tan restringida como lo estuvo con el PRI. La situación es grave incluso en los estados gobernados por el PRD. En Zacatecas ha crecido impunemente el sindicalismo de protección, del que Ramón Gámez es el rey. Sólo en el Distrito Federal hay avances.

Carlos Abascal fue nombrado secretario del Trabajo como resultado de la falta de funcionarios capaces en el sector más que por méritos propios. En el área laboral del nuevo gobierno priva enorme desconocimiento del mundo del trabajo, inexperiencia jurídica, escasez de cuadros, pero existen muchos personajes quemados, entre los que se encuentran promotores del voto útil.

El titular de Trabajo no cuenta con un equipo propio. Como subsecretario se nombró al priísta Fernando Franco, personaje cercano a José Córdoba Montoya. Franco, como subsecretario de Gobernación en tiempos de Ernesto Zedillo, fue responsable del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. Como presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje se designó a un representante del grupo Monterrey: Virgilio Mena, cuya chamba anterior fue la de director de relaciones industriales del Grupo Alfa. Y como encargado de promover la reforma laboral se escogió al ingeniero químico Francisco Salazar, panista de San Luis Potosí, más preocupado por convertirse en gobernador de su estado que en sacar adelante una negociación que desde ahora lo rebasa.

Lejos de extinguirse, los viejos dirigentes sindicales gozan de cabal salud en el foxismo. Con paciencia, mientras apuestan al retorno del PRI al gobierno, hacen una política de dos caras: en corto golpean al nuevo gobierno mientras en público le dan por su lado. Abascal quiere entenderse con ellos. Insiste en que solamente llevándose bien con el sindicalismo tradicional va a lograr un cambio con paz social. Asegura que jamás les pegará. En varias reuniones les ha dicho: "ustedes tienen diez de calificación". En cambio, está enfrentado con el PAN. El pleito es en serio. Ya rechazó la propuesta de reforma laboral de ese partido y un grupo de diputados blanquiazules respondió pidiéndole a Fox su destitución.

La Secretaría del Trabajo está a la deriva. El nuevo gobierno no tiene más proyecto laboral que el que nace de su vocación empresarial. El secretario Abascal no dice lo que piensa, desea que desaparezcan las pertenencias de clase, convive gustoso con los charros sindicales, vive temeroso de tomar decisiones, quiere quedar bien con todo mundo y se la pasa en negociaciones secretas. Con ese rumbo, tarde o temprano, la anhelada paz social se irá al garete.

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