Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 17 de abril de 2002
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Cultura
Se cumple el centenario del natalicio del ensayista y promotor de la alfabetización

Jaime Torres Bodet, gran secretario de Educación poco conocido como escritor

Su imagen de burócrata ensombrece su obra poética, opina Miguel Capistrán

Enaltecer al ser humano, profesión de fe del autor de Fervor, escribió Antonio Caso

ANASELLA ACOSTA NIETO

A cien años de su nacimiento, que se cumplen hoy, Jaime Torres Bodet, pensador, humanista, educador, poeta, narrador, ensayista, crítico, orador, diplomático, servidor público y promotor de la alfabetización y el arte, es uno de los personajes menos conocidos por los mexicanos.

Pocos son los que saben del desempeño de quien formó parte del grupo de los Contemporáneos, tanto en la literatura como en el servicio público. Quienes lo recuerdan o tienen conocimiento fortuito de él, lo ubican sólo como escritor, aunque confiesan no haber leído su obras; otros lo señalan como un funcionario y, en el mejor de los casos, precisan su relevante desempeño como secretario de Educación Pública.

Excusas de la desmemoria

En las librerías del Fondo de Cultura Económica, la editorial que más se ha ocupado de continuar la publicación de las obras de Torres Bodet, apenas se registran seis títulos de cerca del medio centenar que el autor publicó entre ensayos, crítica, cuentos, novela, poesías, discursos, memorias y artículos.

alfonso reyes y torres bodetSus ensayos y algunos discursos que dan testimonio de su contribución en campos como la alfabetización y la promoción cultural y arrojan luz sobre problemas profundos de la creación literaria de novelistas como Honoré de Balzac, León Tolstoi, Stendhal, Fedor Dostoyevski, Marcel Proust, Benito Pérez Galdós y Rubén Darío parecen haber quedado en el olvido.

Las excusas de la desmemoria y la exclusión sobran.

Para Miguel Capistrán, desde la década de los 70, la obra literaria de Torres Bodet fue considerada la antítesis de la llamada literatura de la onda.

Otro de los motivos por el que su obra literaria no es bien valorada, asegura Capistrán, tiene que ver con su desempeño como servidor público. ''Ha pesado más la imagen del gran burócrata, la cual ha ensombrecido su obra poética".

Hugo Gutiérrez Vega, diplomático y escritor, atribuye el olvido del hombre de letras a la permanente búsqueda de intensidad o tensión espiritual en los poetas por parte de los lectores.

Explica: en la poesía de don Jaime sólo encuentras esa tensión espiritual en algunos momentos, en el resto encuentras sobre todo una preocupación por la forma, que es muy legítima. A ello se debe que no tuviera la popularidad de otros de los Contemporáneos.

Poeta ''muy correcto''

Cualesquiera de los motivos puede ser válido, pero a cien años del natalicio de Torres Bodet la pregunta es obligada: ¿cuáles son las contribuciones del humanista que es preciso rescatar para enriquecer el presente?

Gutiérrez Vega no duda en señalar que la tarea de rescate del autor debe empezar por su poesía, pues ''era un poeta muy correcto".

Recuerda que fue un escritor cuidadoso hasta el final de su vida. Empezó a redactar la nota de despedida el día de su suicidio y era tan correcto que no le gustó la primera; arrugó la hoja y la tiró, lo mismo hizo con la siguiente y la siguiente, hasta que encontró las palabras precisas. Alrededor de su mesa quedaron 30 o 40 hojas.

Lo mismo sucede con sus poemas, agrega. ''Hay una búsqueda de las palabras precisas, del perfeccionismo", en eso era de la estirpe de Honoré de Balzac y, sobre todo, de Gustave Flaubert. Pero advierte: ''No es una actitud constante".

Miguel Capistrán lo define: ''Poeta de altura respetable, de dignidad y acento poético que no desmerece", ejemplo de ello -menciona- es Cripta.

Entre sus ensayos, comenta Gutiérrez Vega, destaca Balzac, ''uno de los más lúcidos y completos", lo mismo que sus discursos relacionados con la educación y la política exterior mexicana.

Al hablar del crítico, Capistrán aboga por su trabajo en el campo de la cinematografía compilado en el volumen La cinta de plata, publicado por la UNAM. En ese libro reúne sus críticas semanales en Revista de Revistas, en la que reseñó muchos de los estrenos del cine mudo y se convirtió en uno de los primeros críticos de cine.

Torres Bodet ?agrega? es el primero que pugna, con su amigo Bernardo Ortiz de Montellano, por crear un cineclub en losbodet años 20. Lucha que concreta con la fundación de Ocho milímetros cinema, lo que fue ''una aportación fundamental para el desarrollo y apreciación del cine".

Prosélito de Vasconcelos

Gutiérrez Vega se refiere además a la labor del autor de Fervor como promotor cultural: ''Trae a México autores franceses, belgas, italianos, escadinavos. Durante mucho tiempo (Torres Bodet) fue un lazo de unión entre la poesía de distintas latitudes y la mexicana".

Esta labor se extiende a las revistas Falange y Contemporáneos, que fundó con Ortiz de Montellano.

El rescate de la tarea del pensador quedaría incompleto si se soslaya su contribución a la alfabetización como continuador de la labor de José Vasconcelos en la Secretaría de Educación Pública.

Torres Bodet lanzó el sistema de libro de texto gratuito; creó la Biblioteca Encicoplédica Popular y publicó los Clásicos verdes, libros en los que se divulgaba la obra de escritores grecolatinos y modernos. Impulsó, también, la creación de los museos de Antropología y de Arte Moderno.

Torres Bodet, además, planteaba una política en relación con el indigenismo consistente en la alfabetización, el desarrollo integral y la contribución de instructores rurales bilingües.

Al respecto, Miguel León-Portilla escribió en un ensayo: ''La vida y obra de Torres Bodet tienen raíz en una muy propia forma de humanismo mexicano y universal al mismo tiempo. Don Jaime ha servido a México y al mundo con la amplitud de un pensamiento sin valladares ni étnicos ni geográficos".

Por si faltaran motivos, Antonio Caso ofrece una de las razones primordiales para conocer y releer a quien también fue director general de la UNESCO: ''Lo que siempre admiré en Torres Bodet fueron no sólo sus cualidades intelectuales, sino lo que creo que es en él esencial: su vocación para enaltecer al ser humano y protegerlo de todo aquello que pueda menoscabarlo, y su constante fe, que nunca ha flaqueado, en la redención del hombre por la educación".

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