Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 12 de abril de 2002
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Política

Jorge Camil

Israel: la hogaza de pan

Vienen a la mente dos adagios populares que pudiesen ayudarnos a comprender la delicada situación en Medio Oriente: "La historia la escriben los ganadores", y "la realidad depende del cristal con que se miren los acontecimientos". Porque es un hecho que durante los últimos 50 años la historia de esta guerra sin fin ha sido escrita en gran medida por los medios de comunicación estadunidenses, y que la realidad se ha mirado con demasiada frecuencia a través del cristal de la Casa Blanca con una visión distorsionada por las cuantiosas contribuciones políticas de las organizaciones que forman el Jewish Lobby. Además, la "versión oficial del Estado de Israel", que durante cinco décadas han trabajado con esmero y diseminado a los cuatro vientos los medios de comunicación de Estados Unidos, es resultado de una compleja trama que comienza a gestarse en la costa oeste, en el influyente mundo cinematográfico de Hollywood, continúa en las oficinas de redacción de algunos diarios y cadenas de televisión, y termina en Wall Street, el centro mundial de las finanzas, donde poderosas corporaciones simpatizantes de Israel han tenido oportunidad de influenciar el rumbo de las campañas electorales de los presidentes del vecino país.

Por eso, a menos de que estemos dispuestos a embarcarnos en una difícil investigación independiente, dada la escasez de materiales confiables y objetivos estamos condenados a descartar a los palestinos como una partida de desharrapados que nacen, parafraseando la frase genial de Guillermo Almeyra (La Jornada 31/03/02), "con una inclinación genética hacia la violencia"; una banda de asesinos despiadados, cuyo único propósito es sembrar gratuitamente el terror entre la población israelí. Con el andar del tiempo, la "versión oficial del Estado de Israel" ha convertido a los territorios ocupados en 1967, con la excusa de la Guerra de los Seis Días, en la manzana de la discordia de un banquete en el cual los palestinos han sido invitados a compartir las migajas de la mesa.

Es imposible comprender el problema de Medio Oriente sin antes caer en la cuenta de que Israel jamás regresará los territorios árabes ocupados (especialmente las áreas de Cisjordania y la franja de Gaza). Continuará controlándolos, y de ser posible expandiéndolos, con cualquier excusa que tenga visos de credibilidad, porque el tema es un asunto de seguridad nacional. Israel es un Estado diminuto: 500 veces menor que el territorio de todos los países árabes que lo rodean, un delgado jirón en forma de media luna, atrapado entre las aguas del Mediterráneo y los misiles de todos sus enemigos presentes y futuros: Egipto, Siria y los reinos de Jordania y Arabia Saudita. Con el territorio ocupado de Cisjordania, el perfil geográfico de Israel adquiere 64 kilómetros de ancho; sin él, la distancia se reduce a angustiosos 16 kilómetros, convirtiendo al país en un territorio sin profundidad geográfica, en una interminable fila de pequeños puertos alineados como hormigas a la orilla del Mediterráneo: Haifa, Neve Yam, Caesaria, Hadera, Netanya, Tel Aviv... Todos, a 10 o 20 minutos de vuelo de los jets militares de Siria, Irak, Jordania y Arabia Saudita (šes imprescindible poner tierra de por medio!).

Además, los territorios ocupados le dan a Israel el espacio vital que Yitzhak Shamir pedía para aceptar más inmigrantes rusos y estadunidenses, que en número de 350 mil y armados hasta los dientes, ocupan actualmente los asentamientos ilegales de Gaza y Cisjordania. Por eso, cualquier excusa es suficiente para mantener la ocupación militar y continuar la política expansionista.

La Autoridad Nacional Palestina no es un país, es una broma: un puñado de ciudadanos de segunda que viven discriminados, miserables y sin esperanza, hacinados en campos de refugiados, controlados por militares israelíes y amenazados por los colonos de los asentamientos ilegales. Esto no lo dice Yasser Arafat, lo denuncian distinguidos periodistas y académicos israelíes como Amira Hass (Drinking the sea at Gaza, "bebiendo el mar de Gaza") y David Grossman (The yellow wind, "el viento amarillo"), Ariel Sharon y Yasser Arafat no van a entenderse jamás: han sido enemigos jurados toda la vida. Sin embargo, el verdadero peligro estriba en que George W. Bush, empeñado en justificar cada día con menos argumentos su elusiva guerra contra el terrorismo (que pierde simpatizantes minuto a minuto), amenaza con haber encontrado en Sharon su alma gemela. šCuidado!, una patente de corso de Washington pudiese iniciar una guerra mundial en Medio Oriente.

Recordemos las sabias palabras de Anwar Sadat: "en el caso de Israel, desde la hogaza de pan hasta los Phantom Jets de combate provienen de Estados Unidos".

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