Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 24 de febrero de 2002
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Cultura
El mapa de sal, el mundo después del muro de Berlín

La globalización permite plantear un nuevo humanismo: De la Nuez

ERICKA MONTAÑO GARFIAS

La globalización significa enfrentar movimientos sociales, revoluciones tecnológicas, desplazamientos desesperados de inmigrantes, pero también la posibilidad de plantear un nuevo humanismo, ''sin las coartadas que el marxismo, el liberalismo o el existencialismo propusieron", afirma el ensayista cubano Iván de la Nuez, autor de El mapa de sal (Mondadori), en el que hace una reflexión sobre los cambios ocurridos tras la caída del muro de Berlín, en 1989, en una especie de charla interna que parte de la tesis de que esa pared cayó hacia ambos lados permitiendo la occidentalización de los países del este y la poscomunización de las naciones de occidente.

Cuando cae el muro de Berlín junto con las dictaduras de los países comunistas "se dio un gran paso en esas sociedades que buscaban ampliar la dignidad de la persona, sus libertades democráticas y de horizonte, que no tenían", pero fueron engañados por sus supuestos salvadores, porque "si occidente entró en los países del este no fue para dar prioridad a la ampliación de la dignidad humana ni de la democracia, sino para ampliar el mercado, con el objetivo muy claro de convertir en consumidores a aquellos que habían luchado por ser ciudadanos durante décadas", señala el escritor exiliado desde 1991.

De la Nuez, radicado en Barcelona, advierte que muchas sociedades occidentales están adquiriendo visos hiperautoritarios, aun dentro de los postulados democráticos, y cita como ejemplo los casos del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y del líder de la ultraderecha austriaca, Joerg Haider, quienes ''existen dentro de un mecanismo al que llamamos democracia y que la harán peligrar enormemente''.

Ante esta situación existen dos caminos: dejar a los amos todo su autoritarismo dentro de la democracia o entender la democracia como algo que tiene que buscar más en la sociedad, construirse en ella y ampliarla. En esta última alternativa la derecha tiene poco que aportar, mientras la izquierda ''es quizá la única posibilidad que puede crearse como una ampliación de la democracia''.

Para esto la izquierda debe ser "posBerlín; ya no tiene que pedir perdón por el gulag (la administración estatal de los campos de reeducación soviéticos), y no debe estar comprometida con las dictaduras anteriores. La democracia occidental sólo puede ser resguardada, pero sobre todo ampliada, por la izquierda, porque la derecha hace una política que está totalmente colonizada por la economía".

Reconoce, sin embargo, que en los últimos años la derecha ha ganado terreno y explica: "esto se debe a que la izquierda sufrió un colapso descomunal, porque su referente, que eran los países comunistas, fueron un fracaso y desaparecieron. Debe haber una nueva izquierda, pero tiene que despojarse de todas las letanías del 68 y de la nostalgia comunista".

Estos cambios provocados por la globalización también convirtieron a Cuba, país del que salió en 1991, en un país poscomunista, "al que también se le cayó el muro; la diferencia es que en los países del este primero se cayó el aparato político y después comenzó la transición en otras esferas. En la isla hay una transición importante en la cultura y medianamente importante en la economía, pero se mantiene la estructura política".

En el aspecto de la Cuba posCastro, De la Nuez indica que existirá una democracia formal consecuencia de las negociaciones entre los herederos del poder del presidente cubano, pero también habrá "una tensión muy fuerte entre quienes quieren la democracia y quienes no. Será un país con un conflicto a flor de piel".

Así como cayó o derribaron el muro de Berlín, así tienen que desaparecer otros muros: "el que divide la opulencia de la precariedad, el que da absoluta libertad a los capitales pero no a los hombres, y los muros internos que tenemos todos, que nos pueden llevar a añorar figuras autoritarias".

Comenta que estamos en una época en la que vivimos demasiado rápido, y esto lleva a los adultos a un proceso de infantilización, porque "estamos necesitados de aprendizaje continuo debido a todos estos cambios. Se trata de una cuestión peligrosa, porque esto trae consigo también la necesidad de todo aquello que representa autoridad".

En esta época de globalización hay que entender primero que las posiciones primitivistas, retrógradas, no tienen mucho sentido, porque no se pueden construir ya países comunistas ni nacionalismos extremos desconectados del mundo; después hay que comprender que "estamos en medio y sobre la mundialización, y aprender a navegar en ella".

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