Lunes en la Ciencia, 11 de febrero de 2002

PANORAMA

Estudian soluciones para la apnea, trastorno del sueño

La apnea del sueño, un trastorno común que puede ser peligroso, ya que la persona deja de respirar mientras duerme, se alivia significativamente si el corazón late más rápido durante el sueño, según un estudio publicado en el New England Journal of Medicine. En pruebas aplicadas a 15 personas, un equipo dirigido por Stephane Garrigue, del Hospital de Cardiología de Haut-Leveque, en Pessac, Francia, halló que cuando la frecuencia cardiaca era de 57 latidos por minuto, la respiración se detenía nueve veces por hora. Pero cuando el ritmo cardiaco aumentó a 72 latidos por minuto, el número de episodios de apnea por hora disminuyó a tres. "Independientemente de la gravedad del síndrome de apnea del sueño", dijeron los investigadores, "hubo una disminución (en el número de episodios por cada paciente)". Se cree que más de 10 por ciento de las personas mayores de 65 años experimentan este trastorno. Algunos estimados indican que podría afectar entre 10 y 20 por ciento de las personas de edad mediana. Los que padecen apnea del sueño tienden a despertar cansados y, con el paso de los años, el mal parece aumentar el riesgo de hipertensión arterial, problemas cardiacos y muerte temprana. Este trastorno del sueño puede ser causado por el tejido blando que obstruye la garganta e interrumpe la respiración, o puede originarse en el sistema nervioso central cuando el cuerpo simplemente deja de respirar. La cirugía para eliminar el exceso de tejido es una opción, pero sólo funciona entre 38 y 50 por ciento de los casos. Otra alternativa es una ruidosa máquina que fuerza la entrada de aire en el individuo durante toda la noche. El grupo de Garrigue no esperaba que los latidos cardiacos más rápidos ayudaran a las personas que sufren de apnea causada por una obstrucción física. (Con información de Reuters)


Control mental del dolor

Tanto los placebos como los analgésicos potentes activan las mismas áreas del cerebro, lo que indica que el alivio del dolor puede a menudo ser el resultado de la mente sobre la materia.

El experimento también sugirió que el cerebro tiene un mecanismo intrínseco para enfrentar el dolor, lo que podría conducir al desarrollo de mejores analgésicos, escribieron los investigadores en la edición más reciente de la revista Science.

Martin Ingvar, del Grupo de Investigación Neurofisiológica en Estocolmo, Suecia, y sus colegas en Finlandia, expusieron a los voluntarios a un calor doloroso y luego realizaron tomografías cerebrales para observar qué pasaba cuando tomaban analgésicos o recibían inyecciones placebo.

"El tratamiento con placebo y con analgésicos de la familia de los opiáceos indujeron actividad en la misma región", dijo Ingvar.

"Tuvimos nueve voluntarios, cada uno con 12 tomografías", añadió.

Se colocó a los voluntarios, que sabían que estaban participando en un estudio del dolor, una sonda térmica adherida al dorso de la mano, que podía producir desde una sensación de calor suave a una de calor intenso de 48 grados C, casi al punto de quemadura.

Los voluntarios creyeron que estaban recibiendo dos medicamentos. De hecho, se les administró un fármaco opiáceo de acción rápida, el remifentanil, o el placebo.

Mientras esto ocurría, el equipo de Ingvar realizó tomografías por emisión de positrones (TEP) de los cerebros de cada persona.

Tanto el medicamento como el placebo activaron dos áreas del cerebro.

Lo que resultó inesperado fue que las personas que respondieron más intensamente al medicamento también respondieron con la misma intensidad a la inyección del placebo, indicó Ingvar.

Quizá estas personas poseen vías más desarrolladas en el cerebro para el alivio del dolor, aventuró el investigador.

Se sabe que las personas perciben el dolor de formas diferentes y con deferencias de intensidad. (Con información de Reuters)
 

INICIO