Martes 22 de enero de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
Opinión

Corrupción: esa maldita historia

n Juan Rodolfo Rivera Pacheco

Recién nos enteramos de que al parecer hubo un desvío de más de mil millones de pesos de Pemex para la campaña de Francisco Labastida en el año 2000. En Estados Unidos, la mayor compañía de electricidad, Enron, protagonizó hechos de corrupción y favoritismo en 1999 y 2000 que involucran a una buena parte de políticos, e incluso al actual presidente, George Bush. En Argentina, los ex presidentes Menem y De la Rúa son acusados de haber favorecido a grandes compañías extranjeras para invertir en el país a cambio de favores y buenas tajadas de dólares, mismos que están guardados celosamente en cuentas de Suiza y otros paraísos fiscales del mundo. En fin, diariamente nos seguimos enterando que en cualquier parte del mundo los políticos defraudan a los pueblos que los eligieron y utilizan el poder para enriquecerse ellos y sus familias y colaboradores. Perú con Fujimori y Montesinos; Venezuela con Chávez y otros ex mandatarios, Ecuador, Bolivia, Chile y... podríamos llenar páginas de casos de corrupción gubernamental en todo el mundo y en las que México ocuparía siempre un lugar destacado. Carlos Medina Plascencia declara preocupado que un buen número de personajes de gobiernos panistas han caído en las garras de la corrupción. Rosario Robles es acusada de exigir a sus proveedores "cooperacha para su cochinito" y con ello difundir más y mejor su imagen cuando fue jefa del gobierno capitalino. Los propios diputados del PRD en Puebla acusan a sus dirigentes de robar y malversar los fondos del partido. Es decir, no hay Partido en México que escape limpio del lodo de la asquerosa corrupción.
¿Qué ha pasado? ¿Por qué la política en la práctica gubernamental se vuelve sucia y corrupta? ¿Es que no hay solución? Metiéndonos un poco en un terreno peligroso, pues muchos no estarán de acuerdo, sabemos que el ser humano es imperfecto por naturaleza y débil ante los apetitos que lo acosan y ponen a prueba cotidianamente. Los griegos, sabedores de esa debilidad natural, proponían en tiempos de la democracia dorada de Pericles que los funcionarios públicos no cobraran por sus servicios a cambio de ser mantenidos ellos y sus familias durante el tiempo que durara su cargo, que por cierto no se extendía más de un año. ¿Es que no hay solución para el hombre? ¿Será malo por naturaleza, como lo entendían Maquiavelo y Hobbes?
Tomás de Aquino, por su parte, concebía al ser humano como una entidad que si bien era imperfecta, poseía la voluntad como rasgo fundamental para luchar contra sus debilidades. Según el doctor de la iglesia católica, la libertad humana se yergue entonces como la cualidad que hace que el hombre apetezca los bienes que lo perfeccionan y rechace los males que lo pervierten. ¿Es esto cierto? ¿Sabrán de la libertad humana los bribones que continuamente nos gobiernan? Seguimos debatiéndolo en las aulas universitarias.
Lo que sí es un hecho es que en la actualidad los pueblos están cada vez más enterados de lo que hace o deja de hacer el gobernante. Hoy, las sociedades evalúan y critican el desempeño de los políticos y sus partidos. Y desgraciadamente es una profunda desilusión por los políticos y sus gobiernos lo que predomina en la opinión pública. Nos han robado, engañado, manipulado, utilizado para sus fines y hasta asesinado cuando así conviene a sus particulares intereses. El enorme problema de los políticos ahora es convencernos de lo contrario. La mayor crisis que viene es que se está engendrando en el sentir popular la impotencia y rabia ante la impunidad de unos cuantos. Y en ese ambiente lo único que triunfa es la anarquía. Y de la anarquía casi siempre surgen tentaciones autoritarias de cualquier signo. Es el ciclo de los sistemas políticos desde hace muchos cientos de años. ¿Habrá otra alternativa a esta historia maldita? Ojalá sí.