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ŤLas tradiciones del tequio y la gotzona se mantienen vivas en la Sierra de Juárez

Blanche Petrich, enviada, Yalálag, Oax., 13 de marzo Ť Pagar un salario para el servidor público de una comunidad zapoteca es sembrar la discordia, sentencia Valeriano Primo Ignacio. "Es como corromper." Habla desde una escala de valores totalmente ajena a la del mundo digamos que occidental. El, que tiene 78 años, no lee ni escribe y sólo habla algunas frases coloquiales en español, sabe que lo que dice tiene su dosis de sabiduría.

ƑNo será un poco anacrónico ese pensamiento? ƑCosa de un mundo ya pasado, inoperante? Valeriano sonríe, benevolente ante tanta insolencia.

yalalag-reportaje-4-jpg "Al contrario, es pensar hacia delante, hacia el futuro", responde. "En estos cerros de Oaxaca, Ƒde dónde sale el recurso para el trabajo si no es del servicio voluntario?".

Hay tradiciones como el tequio (servicio público) y la gotzona (ayuda mutua) que aportan dinero y posibilidades de ahorro que las estadísticas económicas tradicionales suelen pasar por alto. Por ejemplo, el municipio (que consiste en una sola población de 2 mil 500 habitantes y otros tantos repartidos en Oaxaca, el Distrito Federal o Los Angeles) recibe por concepto del ramo 33 un millón 200 mil pesos anuales, más otros 800 mil de presupuesto estatal. Sin embargo, emplea el trabajo voluntario de 140 hombres en los distintos cargos, que van desde el presidente municipal hasta el más modesto de los policías (topiles), sin olvidar a los 32 miembros de la banda de música. Se calcula que el valor de ese servicio asciende a 200 por ciento del total del presupuesto anual del ayuntamiento.

Otro dato: por concepto de divisas desde Estados Unidos llegan -documentado con cifras oficiales del servicio telegráfico- entre 200 mil y 250 mil pesos mensuales directamente a Yalálag. Se da el caso de que algún joven deja pendiente su tequio para migrar al norte. Entonces, de regreso, a cambio del tequio dona bienes que requiere la comunidad. Así fue como el taller de lengua zapoteca Uken Keuken se armó con su pequeña cabina de radio, donada por un lugareño que se marchó al Distrito Federal para estudiar ingeniería eléctrica. Otro abogado local, Ernesto Gutiérrez, brinda asesoría legal gratuita. O el pueblo de enfrente, San Juan Tabá, se hizo de un trascavo. O Zaachila se equipó con un camión Torton último modelo.

Hay pueblos en la Sierra de Juárez donde esos pilares de la tradición han permanecido, se han revalorado y fortalecido. Hay otras comunidades con más población mestiza donde los valores indígenas se han debilitando. Esos pueblos están desapareciendo. Sus habitantes simplemente cierran sus casas y emigran. Así, en San Francisco Cajono quedan 50 personas. Su escuela tiene sólo 14 alumnos. En San Miguel Cajono quedan 40.

Valerio habla con admiración de los tiempos modernos: "Tienen tantas ventajas: radio, televisión, carro". Pero también señala lo que, desde su punto de vista, les falta a hombres y mujeres de este mundo moderno: "La esencia del pensamiento". Eso lo guardan los ancianos. "Aunque los viejitos no hayamos ido a la escuela, sabemos como hay que andar el camino".

-ƑY cómo lo aprendieron?

-Pues con el servicio, así aprendimos los valores.

El, por ejemplo, hizo tequio desde jovencito. Empezó de topil. Un año sí y otro no. Quedaba libre para trabajar en la milpa, la huarachería, lo que hubiera que hacer para sobrevivir. Luego fue escalando todos los peldaños: mayordomo de la iglesia, comité de barrio, del agua, de la escuela, regidor, síndico y hasta presidente municipal.

"Se va recorriendo cada cargo conforme se necesita en la comunidad. Se va pasando todo un año de dificultades. Ahí se van aprendiendo los valores. Así, cuando se llega hasta arriba, a la presidencia, se sabe servir sin atropellar. Se va entendiendo que no se debe mirar sólo el interés personal, el interés familiar, sino también el de la comunidad. Es la única forma de sobrevivencia que tenemos."

La elección recae en la asamblea. Pero antes cada candidato pasa por la balanza del Consejo de Ancianos. "Es una selección que se hace con mucho cuidado. Es como escoger los granos de las mazorcas, las mejores, para guardar la semilla que se va a sembrar al año siguiente".

Por esa selección rigurosa se confía en la autoridad que emana de la asamblea. Por eso a la autoridad municipal la llaman lhus lhna yell, que quiere decir "padre y madre del pueblo". Y al edificio del ayuntamiento le dicen yoo lha, "casa de la comunidad".