La Jornada 10 de marzo de 1996

Hoy definirá el Consejo Nacional si retorna a la mesa del diálogo

Mireya Cuéllar y Néstor Martínez Ť Felipe Calderón Hinojosa se convirtió ayer por unanimidad en el presidente más joven en la historia del Partido Acción Nacional, una vez que Ernesto Ruffo Appel aceptó su primera derrota y declinó su candidatura.

En la primera ronda de votaciones, Calderón logró una amplia mayoría al adjudicarse el voto de 159 consejeros --52 más que su adversario--, insuficiente para alcanzar el respaldo de 66 por ciento de los presentes que exige el estatuto, pero que marcó una clara tendencia a su favor. El bajacaliforniano lo entendió así y declinó sin más.


Felipe Calderón y Ernesto Ruffo, luego de la victoria del
primero en las elecciones internas para la presidencia
del Partido Acción Nacional.
Foto: Carlos Cisneros

El michoacano de 33 años ratificó su oferta de campaña de hacer del PAN un partido de centro que atraiga al electorado que rechaza ``los extremismos de izquierda y de derecha'' y logre obtener un mayor consenso social. Ese será el eje de su estrategia para alcanzar la Presidencia de la República en el año 2000.

Dijo que el Consejo Nacional definirá este día si el partido regresa o no a la mesa de diálogo nacional, aunque personalmente consideró que esa instancia ``está agotada por las inconsistencias e incongruencias del gobierno federal y de los cacicazgos locales de poder''.

El PAN, agregó, continuará impulsando sus propuestas de reforma electoral en el Congreso de la Unión.

Anticipó que el diputado federal coahuilense Juan Antonio García Villa será el próximo secretario general del CEN panista.

Todo ocurrió a puerta cerrada

La sesión de Consejo Nacional comenzó por la mañana y desahogó varios puntos considerados en el orden del día. Conoció, entre otros, el informe, la despedida, de Carlos Castillo Peraza.

Fue hasta la tarde, después de la comida, como se tenía previsto, cuando el pleno abordó de lleno el tema más importante y más candente: la sucesión del presidente.

Los grupos, los equipos de los contendientes, terminaron de afinar sus estrategias y dieron a conocer los nombres de sus presentadores, de los consejeros que hablarían en favor de cada candidato.

Felipe Calderón fue por todo desde el principio. Mandó al cuarto bat, quizás al mejor tribuno del panismo nacional: el senador Juan de Dios Castro Lozano.

Ernesto Ruffo optó por el guanajuatense, viejo, prestigiado panista, Antonio Obregón Padilla.

Fueron buenos los dos discursos, coincidieron diversos consejeros, pero el de Juan de Dios Castro fue el más aplaudido. Para muchos significó el factor que inclinó definitivamente la balanza en favor de Calderón.

Magistral, Castro logró que la juventud del hoy presidente, considerada por muchos como una desventaja, se convirtiera en una virtud. Lo comparó con Manuel Gómez Morín, quien muy joven concibió el Banco de México, fue rector de la UNAM y presidente fundador de Acción Nacional.

En favor de Ruffo, conservador, bien centrado, el actual subsecretario de Gobierno de Guanajuato ensalzó las cualidades del bajacaliforniano: su experiencia de gobierno, su capacidad organizativa, su liderazgo.

La dimisión y el triunfo...

La voz del escrutinio --de la diputada federal Cecilia Romero-- anunció que en la primera votación Calderón obtuvo 159 sufragios. Ruffo, 107.

Ninguno de los dos alcanzaba 66 por ciento del total de los votos. A Felipe le faltaban 17.

El ex gobernador de Baja California volvió la mirada a su derecha, donde se encontraba Felipe Calderón. Estaban juntos, hombro con hombro, en la misma mesa. Le murmuró unas palabras y ambos se pusieron de pie. Fueron hasta el presidium y ahí Ruffo hizo público su retiro. Pidió a todos el apoyo a Felipe Calderón, ``el dirigente nacional'' del PAN.

Carlos Castillo, quien conducía los trabajos del Consejo, se hizo escuchar entre los aplausos de los consejeros para recordarles que por reglamento debía haber una nueva votación. Se determinó que fuera económica, sólo para cumplir con las formas.

Se levantaron las manos y, por aclamación, el michoacano se convirtió en el décimosexto presidente de Acción Nacional. Sólo él, Felipe, en un acto de cortesía para su contrincante, se abstuvo de votar.

Ya líder, de pie, ante los 266 consejeros presentes, reconocía en un improvisado discurso que una de las deficiencias de su personalidad es su ``temperamento''. Les ofreció diálogo y ``humildad'' para contrarrestarlo y un equipo ``con las virtudes que yo no tengo''.

Recordó que conserva una camiseta autografiada por Ernesto Ruffo, de cuando ganó la gubernatura de Baja California.

Y entonces pidió al pleno un aplauso para su contrincante por la actitud en favor de la unidad partidista que acababa de asumir.

Afuera del salón, en uno de los tantos lobbies del Hotel Camino Real, decenas de reporteros, fotógrafos, militantes panistas y algunos curiosos, esperaban impacientes unos, nerviosos otros, el humo blanco del cónclave blanquiazul.

Habían llegado primero algunos rumores de que la votación era cerradísima, que se tendría que ir forzosamente a una segunda ronda.

Pero hacia las 18.15 horas, un nuevo rumor comenzó a ser difundido con más fuerza. Recorrió los pasillos y se extendió hasta la sala de prensa: Felipe ganó por 52 votos, pero no alcanza las dos terceras partes.

Creció el nerviosismo de felipistas y ruffistas y hasta de algunos reporteros.

Minutos después, la versión se confirmó: es Felipe, Ruffo declinó.

Se reafirmó entonces, una vez más, esa unidad institucional que tanta fuerza da al panismo. No hubo inconformes, nadie levantó la voz. Todos se sumaron al nuevo presidente.

Decenas de consejeros abandonaron el recinto con rostros satisfechos o de resignación, antes de que Calderón y Ruffo hicieran juntos su aparición.

Carlos Castillo los presentó ante los medios y, en silencio, desapareció de la escena.

Sereno, Ruffo supo asumir la que fue su primera derrota política.

Pleno, feliz, Felipe Calderón Hinojosa, habló de sus planes para llegar al poder en el 2000.